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• La narrativa de la derecha mexicana de que llegaríamos al pico del petróleo en 2030 fue errónea; la transición energética a fuentes renovables no será inmediata.
La narrativa de la oposición a los gobiernos de la Cuarta Transformación (4T), que sostiene que el petróleo está en declive y que se debería apostar de manera exclusiva por las energías renovables, cayó por su propio peso tras conocerse que el reciente ataque de Estados Unidos a Venezuela no tuvo como objetivo restaurar la democracia ni combatir el narcotráfico, sino apoderarse de las vastas reservas petroleras de la nación bolivariana.
Líderes y figuras de la oposición en México han expresado reiteradamente que la era del petróleo está llegando a su fin a nivel global y que la administración de la Cuarta Transformación mantiene una visión “anacrónica” al apostar por los hidrocarburos. Sin embargo, el tiempo ha dado la razón a las administraciones de los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo, que destinaron recursos al rescate de la industria petrolera nacional y a la autosuficiencia energética.
La narrativa de la derecha mexicana, que advertía que el pico del petróleo se alcanzaría en 2030, fue errónea. Un dato relevante de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), contenido en su reporte anual 2025, señala que por primera vez se incluyó un escenario de consumo denominado “políticas actuales”, en el cual se proyecta un incremento del 30% en la demanda de petróleo hacia 2050, con una tendencia sostenida más allá de esa fecha.
La llamada “transición energética” que vaticinaban líderes de la oposición a los gobiernos de la 4T no se ha materializado. De 2010 a la fecha, a pesar de las considerables sumas invertidas en energías alternativas, el consumo mundial de petróleo ha aumentado 15% y el de gas natural 31%.
Políticos como Ricardo Anaya y Xóchitl Gálvez han criticado que el gobierno federal insista en fortalecer la industria petrolera —en particular a Pemex y la construcción de refinerías como Dos Bocas— cuando, aseguran, el mundo avanza hacia las energías limpias y la transición energética.
La oposición a las administraciones federales de la Cuarta Transformación ha argumentado que invertir grandes cantidades de recursos públicos en refinerías es “tirar dinero”, al considerar que la rentabilidad del petróleo disminuirá significativamente en el futuro cercano.
No obstante, la política energética de los gobiernos de la 4T tiene varios puntos a su favor. El principal es no haber asumido como un hecho consumado que la transición a las energías renovables, especialmente en el ámbito de la movilidad, ocurriría de forma acelerada, con la generalización de los automóviles eléctricos para 2030 y la salida del mercado de los vehículos de combustión interna.
El gobierno de Claudia Sheinbaum ha buscado fortalecer a las empresas estatales Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para recuperar el control del Estado sobre la producción y distribución de energía, bajo el argumento de que se trata de un asunto de seguridad nacional.
Las administraciones de la 4T han invertido en la modernización de refinerías y en la construcción de la refinería Olmeca, conocida como Dos Bocas, con el objetivo de incrementar la producción nacional de combustibles y reducir la dependencia de las importaciones.
Pemex ha logrado disminuir las importaciones de combustibles en los últimos dos años, tras la entrada en operación de la refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, afirmó recientemente que el país refina actualmente el 80% de la gasolina que consume a nivel nacional.
Durante un evento público a principios de enero de 2026, Sheinbaum señaló que este avance en la autosuficiencia energética es resultado de una estrategia integral que incluye:
• La rehabilitación de las seis refinerías existentes en el país.
• La adquisición de la refinería Deer Park, en Texas, Estados Unidos.
• La construcción de la nueva refinería Olmeca (Dos Bocas), en Tabasco.
Otro dato alentador que confirma que la estrategia energética del actual gobierno está dando resultados es que, entre octubre de 2024 y junio de 2025, la producción nacional de petroquímicos creció 38.8%, al pasar de 170 mil a 236 mil toneladas. Este incremento se debe al aumento en la producción de los complejos petroquímicos de Morelos y Cosoleacaque, así como a la operación continua del complejo La Cangrejera.
El avance de esta industria evidencia la recuperación de la petroquímica mexicana y el fortalecimiento de las capacidades nacionales para producir insumos estratégicos como etileno, xilenos, aromáticos y amoniaco, este último fundamental para la fabricación de fertilizantes.
La reactivación de la industria petroquímica, planteada en el Plan Estratégico para el Fortalecimiento de Petróleos Mexicanos (Pemex) 2025-2035, ya está dando resultados y contribuye a redefinir el futuro del crudo, cuyo uso se orientará cada vez más a sectores que generan mayor valor agregado y desarrollo económico, ante una reducción progresiva del uso de combustibles fósiles para transporte.
La estrategia de los gobiernos de la Cuarta Transformación también contempla la protección de la economía de las familias mexicanas, al mantener el compromiso de no incrementar los precios de la gasolina, el gas y la electricidad por encima de la inflación.
Asimismo, la actual administración federal desarrolla 14 proyectos de gasoductos y ha inaugurado el parque fotovoltaico de Puerto Peñasco, el más grande de América Latina, como parte de los esfuerzos para diversificar la matriz energética con fuentes renovables.
En conclusión, el uso del petróleo a nivel mundial no está en retirada. La transición hacia energías limpias será prolongada y podría extenderse hasta 2050. Lo que sí puede afirmarse es que la política de autosuficiencia energética impulsada por los gobiernos de la Cuarta Transformación está dando resultados concretos para México.
Por: Eduardo Esquivel Ancona
Domo de Cristal
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