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La política antiinmigrante de la administración del presidente Donald Trump, así como las protestas ciudadanas contra las agresivas redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), han generado impactos negativos en la economía de Estados Unidos a principios de este año.
La incertidumbre provocada por la política migratoria del gobierno estadounidense está contribuyendo a una desaceleración económica, ya que una economía en crecimiento requiere necesariamente una fuerza laboral en expansión.
Las redadas y el endurecimiento de las políticas migratorias han reducido la disponibilidad de trabajadores en sectores clave, mientras que las manifestaciones y paros laborales han afectado el consumo y el comercio minorista en diversas regiones del país.
Sectores altamente dependientes de la mano de obra inmigrante, como la construcción, la agricultura, la manufactura y la hostelería, enfrentan serias dificultades para cubrir vacantes debido a la detención y deportación de trabajadores. Expertos advierten, además, que el miedo está siendo utilizado para despedir sin compensación a empleados con décadas de experiencia, lo que podría frenar el crecimiento económico del país.
Es una situación terrible: se aprovechan del temor al ICE para despedir a padres y madres de familia con más de 20 años de antigüedad y amplia experiencia, sobre todo en el sector primario.
En ciudades con alta actividad de ICE se ha observado una disminución del tráfico peatonal y de las ventas en negocios locales, especialmente en vecindarios con alta población inmigrante, ya que muchas personas evitan salir de sus hogares por temor a ser detenidas.
La disminución de la inmigración neta —que fue negativa en 2025 por primera vez en medio siglo— está reduciendo el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), el gasto de los consumidores y la expansión de la fuerza laboral en Estados Unidos. Funcionarios y economistas coinciden en que la pérdida de trabajadores migrantes es difícil de sustituir y amenaza con elevar los costos laborales y la inflación.
Las protestas contra las redadas del ICE en todo el país, que incluyen llamados a no comprar, no trabajar y no enviar a los niños a la escuela —como ocurrió durante el “apagón nacional” de enero de 2026— han provocado cierres temporales y reducciones de productividad en numerosos negocios.
Asimismo, las continuas manifestaciones en ciudades clave de Estados Unidos comienzan a afectar la logística de las cadenas de suministro y el comercio local. A ello se suma el elevado presupuesto destinado al ICE, que ha generado tensiones en el gasto público al desatender áreas prioritarias como el sector salud.
La agresiva política antiinmigrante del gobierno de Trump ha provocado un malestar social generalizado en distintas zonas del país. En conjunto, la combinación de una aplicación más severa de las leyes migratorias y las protestas en su contra ha encendido señales de alerta sobre el daño económico, al reducir el consumo y limitar la disponibilidad de mano de obra en sectores vitales para Estados Unidos.
Por: Eduardo Esquivel Ancona
Domo de Cristal
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