
Por: Víctor Hugo Romo de Vivar Guerra
@vromog
La aberración de designar a María Corina Machado Premio Nobel de la Paz, confirma que ese galardón se ha convertido en un traje a la medida de intereses conservadores, contrarios a la herencia humanitaria que pretendió legar su fundador.
Alfred Nobel, inventor de la dinamita, vio que su creación favorecía la guerra y, por eso, en su testamento destinó gran parte de su fortuna a instituir premios para quienes generaran en vida «el mayor beneficio a la humanidad”, especialmente en el terreno de la paz.
Sin embargo, los “méritos” de Machado son ser una golpista subsidiada por la ultraderecha, no respetar la autodeterminación de los pueblos, tratar de imponer a la derecha en su país mediante argucias legaloides desde los tiempos de Hugo Chávez y, en 2024, improvisar a Edmundo González, como candidato presidencial conservador, a quien nadie conocía y como llegó desapareció de la escena pública.
El Nobel de este año tampoco puede desligarse de quien suspiraba por obtenerlo subrepticiamente: Donald Trump. De hecho, Machado le dedicó en parte el premio a él, ensalzando su “decisivo apoyo” a lo que llamó » la causa venezolana».
Trump incluso desplegó una campaña internacional para autonombrarse pacificador del mundo, con miras a tratar de alcanzar el galardón por la paz, pese a su historial fascista y belicista.
Críticos recuerdan que Machado no siempre ha abogado por caminos pacíficos en Venezuela. En momentos críticos de amenazas de Trump a ese país, ha hecho declaraciones incendiarias, como cuando pronosticó que “falta muy poco” para la caída de Maduro.
Aunque el galardón no debilita al régimen venezolano, si refuerza la falsa narrativa externa de “demócrata perseguida” para Machado.
Pero todo mundo sabe que fue una dedicatoria de la ultraderecha contra Nicolás Maduro, porque el Nobel de Machado es el mundo al revés.
Aunque usted no lo crea, en su época fueron candidateados al Nobel Adolfo Hitler y Benito Mussolini, personajes con un historial moralmente negro.
El Comité que otorga el premio, reorganizado en 2017, ha dado suficientes motivos ahora también para desconfiar de sus decisiones por demás polémicas y cargadas a posicionar a varios actores de la derecha en el mundo.
Aunque ahora se quedó suspirando por el Nobel el delincuente electo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como si no se supiera que es un megalómano desquiciado, torturador de migrantes, belicista empedernido y abusivo invasor de naciones ricas en recursos naturales y pobres en su desarrollo armamentista.
¿O acaso cree que ya se nos olvidó que humilló y obligó a las y los mandatarios de la Unión Europea a invertir en las armerías de Estados Unidos el 5% de su presupuesto anual? en vez de destinarlo a la promoción de la paz o al cuidado del medio ambiente, como lo propuso la presidenta Claudia Sheinbaum en Brasil.
El injerencismo violento es el tipo de “pacifismo” que hoy premian los del Comité del Nobel.
No le extrañaría a nadie que el próximo año le otorguen el Nobel de la Paz a quien ejerce un bloqueo criminal contra Cuba, asesina inmoralmente con misiles a presuntos narcotraficantes venezolanos sin someterlos a la justicia, impone aranceles brutales al mundo y autoriza que la CIA opere impunemente en Venezuela, bajo la argucia de que el inexistente Cartel de los soles es una amenaza para la salud de los estadounidenses.
Así anda el mundo: premiando la guerra con medallas de paz. Al fin que todavía tiene tres años para hacerle más daño al planeta el mandatario anaranjado.
El Nobel sería la “honra” que lo libre de sus probados vínculos con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.
Qué mejor salvoconducto de impunidad para un genocida.
Domo de Cristal
A quienes propones para este premio