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“La diversidad es nuestra fuerza, no el miedo”

Staff Domo de Cristal
Jesse

Federico La Mont

En entrevista celebrada al término de su acostumbrado tercer sermón de septiembre de 2014 ante sus feligreses, el legendario líder de los derechos civiles y exprecandidato presidencial demócrata Jesse Jackson relató su pacto de sacrificio con el dirigente de la United Farm Workers of America, César Chávez; compartió su visión sobre el poder de las minorías y la urgencia de desarmar a una sociedad violenta.

El diálogo entre México y los movimientos sociales de Estados Unidos cuenta con puentes históricos que pocas veces se recuerdan con tanta claridad. En esa oportunidad se redescubrió a uno de los hombres más cercanos a Martin Luther King Jr., el reverendo Jackson, quien, antes que Barack Obama, pudo haber sido el primer presidente afroamericano.

Desde la mística de las huelgas de hambre de los campesinos mexicanos en California hasta la cruda realidad de la violencia por armas de fuego, Jackson ofrecía una cátedra de política humanista que, a 76 horas de su partida, sigue más vigente que nunca. A continuación, la transcripción íntegra de este encuentro.


Somos un ideal

¿Por qué decidió postularse para la presidencia durante las elecciones primarias de 1988 frente a Michael Stanley Dukakis?
Creía que debíamos poner el foco en la difícil situación de la gente trabajadora. Considero que la política exterior debe ser más humana, más justa y más equitativa para todos.

¿Por qué asistió al final de la huelga de hambre del líder de los trabajadores agrícolas, César Chávez, a finales de julio de 1988?
Porque éramos amigos. Él trabajaba organizando a los trabajadores del campo para obtener mejores condiciones. En ese contexto, los hijos de los trabajadores estaban expuestos al cáncer debido a los químicos con los que laboraban. Cuando César estaba en su último ayuno y nadie podía convencerlo de detenerlo, le pedí que me transfiriera ese ayuno a mí. Tomé su lugar para que él pudiera recuperar su salud, y después se sumaron otras personas.

Recuerdo que en esa reunión en “Los 40 Acres” usted dijo: “Sí, podemos” (Yes, we can). ¿Realmente cree que los estadounidenses están preparados para ser gobernados por un líder de las minorías?
Sí. Cada vez vemos más un voto “transracial” que va más allá del racismo y del género. Ya lo vimos con líderes en Los Ángeles, Denver o Chicago. No hay bases para temer a las capacidades o motivaciones de afroamericanos e hispanos.

¿Cómo evitar eventos fatales en la historia estadounidense como el del 4 de abril de 1968, cuando Martin Luther King fue asesinado?
No hay forma de evitar emboscadas o sabotajes al cien por ciento, pero podemos reducir la amenaza de la violencia disminuyendo el número de armas. Debemos prohibir las armas semiautomáticas, porque nadie está a salvo mientras sean tan accesibles. Treinta mil estadounidenses mueren por disparos cada año; debemos reducir el acceso a las armas y a las drogas.

¿Podría describir a la audiencia mexicana qué significa ser “liberal” o no serlo en la política de Estados Unidos?
Ser liberal significa ser generoso, preocuparse por los demás. Estados Unidos es una comunidad liberal: la idea de dar tu tiempo por los otros, de construir sobre la base de antiguos esclavos para que todos seamos uno. Nuestra diversidad es nuestra fuerza, y los inmigrantes llegaron con entusiasmo para hacer grande a este país.

¿Considera que la política es un asunto de dinero o de valores espirituales?
Se necesitan valores espirituales. Aunque una campaña cuesta dinero —nosotros recaudamos 17 millones de dólares en su momento—, lo que defendíamos eran los valores de la “Coalición Arcoíris”: una sociedad multirracial y multicultural con acceso a educación, salud y vivienda digna. Esos son los valores que deben guiar a la política.

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