HomeOpiniónInfluencia iraní sobre la península arábiga

Influencia iraní sobre la península arábiga

Staff Domo de Cristal
Jimmy

Así lo dice La Mont

Retrospectiva:
La memoria política de Estados Unidos guarda una cicatriz que se remonta a 1979, cuando Jimmy Carter vio cómo su presidencia se desmoronaba entre las arenas de Teherán. Aquella humillación, marcada por el fracaso de la Operación Garra de Águila y la prolongada crisis de los rehenes, no solo selló el fin de una era demócrata, sino que instauró en el imaginario estadounidense la idea de que Irán es el terreno donde las potencias naufragan. Donald Trump, quien construye su narrativa sobre la base de la fuerza y la restauración del prestigio nacional, parece reflexionar sobre aquel capítulo con la intención de no repetirlo; sin embargo, los hechos recientes sugieren que el curso del conflicto lo está empujando hacia un abismo similar, aunque con matices más explosivos.

Casi medio siglo después, la historia no se repite, pero rima con fuerza en el presente: un escenario marcado por una escalada militar sin precedentes que incluyó el descabezamiento del liderazgo iraní a principios de 2026, lo que ubicó a la administración Trump en una posición de vulnerabilidad que Carter nunca conoció. Mientras que en los setenta el problema era la parálisis diplomática, hoy el riesgo es la sobre extensión militar y el aislamiento internacional. Trump apostó por una estrategia de máxima presión que derivó en una guerra abierta, confiando en la tecnología y la superioridad táctica. Sin embargo, la resistencia iraní y la activación de su red de aliados transformaron lo que se planeó como una “operación de precisión” en un conflicto regional de desgaste que ya empieza a facturar costos políticos internos.

En el ámbito doméstico de Estados Unidos, la situación para el Partido Republicano es crítica. A medida que se acercan las elecciones de noviembre, el Capitolio se ha convertido en un campo de batalla donde los demócratas han encontrado en el conflicto con Irán el combustible necesario para movilizar a su base y atraer a los moderados, a quienes sí les quita el sueño la inestabilidad. Las encuestas de este primer trimestre muestran una erosión significativa en los distritos clave; el electorado, que inicialmente apoyó una respuesta firme, ahora enfrenta la volatilidad del precio del petróleo y el temor a un reclutamiento o una movilización a gran escala.

Si la tendencia continúa, los demócratas no solo podrían retener el control de las cámaras en noviembre, sino llegar a la integración del nuevo Congreso en enero con un mandato claro para desmantelar la política exterior de Trump y forzar una retirada que, a ojos del mundo, se leería como una rendición encubierta. Para los republicanos, el riesgo es perder su identidad como partido de la “seguridad nacional”. Al verse arrastrados a una guerra de final incierto, muchos legisladores conservadores han empezado a tomar distancia, temiendo que el “efecto Irán” sea el lastre que hunda sus carreras.

La desaprobación de la gestión bélica ha alcanzado niveles que superan los momentos más bajos de las guerras de Vietnam o Irak, dejando a Trump con un margen de maniobra legislativa casi inexistente. El Congreso que emerja en enero de 2027 probablemente será un órgano hostil, dispuesto a usar el poder del presupuesto para frenar cualquier aventura militar adicional, lo que dejaría al presidente como un “pato cojo” en medio de una tormenta geopolítica.

Ante el mundo:
En el exterior, la apuesta de Washington por la fuerza bruta no ha logrado el colapso del régimen iraní que se vaticinaba en los despachos del Pentágono. Por el contrario, la agresividad estadounidense ha servido para que Teherán consolide su “eje de resistencia”. Irán, a pesar de las bajas en su cúpula, ha demostrado una resiliencia estratégica asombrosa.

Su capacidad para golpear a través de intermediarios ha descentralizado el conflicto, llevando a Estados Unidos no solo a luchar contra un solo ejército, sino contra una hidra que se extiende desde las montañas del Líbano hasta las costas del Mar Rojo. Hezbolá, en Líbano, ha escalado sus operaciones a un nivel que mantiene a Israel en un estado de emergencia permanente, forzando a Estados Unidos a desviar recursos vitales para sostener a su aliado. Esta milicia chií ha dejado de ser un simple grupo insurgente para operar como una fuerza paramilitar con capacidad de disuasión estratégica.

Mientras tanto, en Yemen, los hutíes han demostrado que pueden estrangular el comercio global a través del estrecho de Bab el-Mandeb, convirtiendo la economía mundial en rehén de su arsenal de drones y misiles. Esta pinza geográfica liderada por Irán ha dejado en claro que, aunque Estados Unidos puede destruir infraestructuras, no ha logrado quebrar la voluntad de una red que ve en este conflicto una lucha existencial.

Estrategia:
La fortaleza de Irán y sus aliados radica en su capacidad para absorber el daño y responder de manera asimétrica. Mientras Trump busca victorias rápidas para alimentar su narrativa electoral, el eje liderado por Teherán juega al tiempo, sabiendo que la paciencia estratégica es su mayor activo frente a una democracia occidental impaciente y polarizada.

El escenario exterior para finales de este año apunta a una consolidación de la influencia iraní en el Levante y la península arábiga, presentándose ante el mundo no árabe como el único actor capaz de desafiar la hegemonía estadounidense de manera efectiva.

Al final de este ciclo, el paralelismo con 1979 se vuelve inevitable. Jimmy Carter perdió su presidencia porque no pudo liberar a cincuenta y dos estadounidenses; Donald Trump corre el riesgo de truncar su legado y la mayoría parlamentaria por intentar liberar una región que se resiste a ser moldeada bajo sus términos.

La derrota de hoy no se mide solo en bajas militares, sino en la pérdida del control de la agenda interna y en el fortalecimiento de un bloque opositor en Medio Oriente que ahora es más sofisticado, está mejor armado y tiene menos que perder que hace cuatro décadas. El nuevo Congreso en enero podría heredar las cenizas de una estrategia que, por ignorar las lecciones de la historia, terminó repitiendo sus peores errores.

Por: Federico Lamont

No Comments

Domo de Cristal