
*Por Javier Marbec, Director para Mercado Internacional de TOTVS
Los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta de impacto real en empresas, gobiernos y economías. Pero más allá del entusiasmo mediático, ¿qué evidencias existen de que la IA realmente mejora la productividad y la eficiencia operativa? En América Latina, la respuesta apunta a un potencial significativo, aunque todavía en una fase inicial de captura de valor.
Un estudio conjunto del Foro Económico Mundial y McKinsey revela que la adopción de IA en la región podría elevar la productividad entre 1,9% y 2,3% anual, generando entre US$ 1,1 billones y US$ 1,7 billones en valor económico adicional por año, siempre que las tecnologías analíticas y generativas se implementen de manera efectiva.
América Latina históricamente presenta uno de los ritmos de crecimiento de la productividad más bajos del mundo. Según analistas, la región necesita precisamente herramientas capaces de ampliar la producción de bienes y servicios sin exigir, de forma proporcional, más horas de trabajo o mayores costos. En este contexto, la IA actúa como multiplicador de eficiencia, automatizando tareas repetitivas, reduciendo tiempos de respuesta y mejorando la toma de decisiones basada en datos.
A pesar del potencial, los números muestran aún una distancia entre expectativa y resultado. Solo alrededor del 23% de las empresas de América Latina logran generar algún valor económico mensurable con IA, y apenas un 6% reporta impactos significativos hasta el momento, según el estudio del Foro Económico Mundial y McKinsey. Este dato refuerza que la tecnología, por sí sola, no es suficiente: es necesario combinarla con una estrategia clara de adopción, gobernanza de datos y capacitación de personas.
La CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), por su parte, indica que la región representa apenas el 1,56% de la inversión global en inteligencia artificial, un porcentaje incompatible con su peso económico en el escenario internacional. Esta brecha en inversiones y capacidades se traduce en oportunidades perdidas para transformar sectores clave como la manufactura, el agronegocio y los servicios.
Tendencias regionales
A pesar de los desafíos, existen avances concretos en distintos mercados latinoamericanos. Argentina, por ejemplo, ha registrado un crecimiento en el uso de IA aplicada al servicio al cliente, marketing y operaciones comerciales. Una encuesta del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), realizada con 392 profesionales de distintos sectores, muestra que el 67% de las empresas promueve formalmente el uso de IA en el trabajo para actividades como análisis de datos, automatización de tareas, inteligencia comercial y soporte al cliente, con el objetivo de aumentar la productividad y reducir costos operativos, lo que acelera los ciclos administrativos y de ventas.
México, por su parte, se destaca por el volumen de inversiones y la escala de los proyectos. Grandes empresas globales han anunciado inversiones multimillonarias en el país para impulsar la adopción de IA en operaciones empresariales, incluyendo automatización de procesos, análisis avanzado de datos y atención inteligente. Estas iniciativas fortalecen la infraestructura tecnológica local y amplían el potencial de ganancias de eficiencia a gran escala. Además, los proyectos de expansión de data centers y de capacidad computacional avanzada en México crean la base necesaria para el uso intensivo de IA en sectores como industria, comercio minorista y servicios.
La productividad no se limita únicamente a cifras de producción o crecimiento de ingresos. Para muchas organizaciones, el valor real de la IA se manifiesta en la mejora del servicio al cliente, la reducción de errores operativos y la liberación de tiempo de los equipos para actividades estratégicas. Aunque menos visibles en las estadísticas macroeconómicas, estos beneficios tienen un impacto directo en la competitividad regional y global.
La IA más allá del hype es aquella que se traduce en resultados concretos: procesos más ágiles, decisiones mejor informadas y organizaciones capaces de hacer más con menos. En América Latina, este movimiento ya está en marcha. El desafío ahora es transformar el interés y la experimentación en estrategias consistentes y sostenibles, capaces de generar productividad y eficiencia de manera real y duradera.
Domo de Cristal
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