HomeOpiniónGuerrero 2027: ¿Continuidad o cambio?

Guerrero 2027: ¿Continuidad o cambio?

Staff Domo de Cristal
Evelyn

Así lo dice La Mont

Horizonte:
El panorama político y social guerrerense se encuentra en ebullición, en un escenario donde la gobernanza se confunde con la permanencia. La pregunta sobre si los Salgado continuarán dominando el estado no es solo un asunto de linaje, sino de la estructura de poder que Félix Salgado Macedonio consolidó desde su campaña para gobernador en 1999.

Aunque Evelyn Salgado Pineda ocupa la titularidad del Ejecutivo estatal, la sombra de su padre desafía las formas tradicionales de la política institucional. La posibilidad de que el clan se mantenga en el poder más allá de este sexenio depende de la capacidad de Morena para procesar sus propias contradicciones internas y de la resistencia de una sociedad que, aunque les otorgó el voto, vive bajo el asedio constante de la violencia.

La reciente discusión sobre la llamada “Ley Esposa”, así como las reformas que buscan limitar el nepotismo a nivel nacional, coloca una barrera legal a estas aspiraciones. Sin embargo, en Guerrero la política suele imponer sus propias reglas, y Félix Salgado ya ha manifestado que su capital político sigue vigente de cara al próximo proceso electoral.

Señal:
La administración de Evelyn Salgado quedó marcada por episodios de violencia que desafían cualquier narrativa oficial sobre la pacificación del estado. El hecho más atroz fue el asesinato de Alejandro Arcos Catalán, alcalde de Chilpancingo por el PRI, quien apenas seis días después de haber rendido protesta, en octubre de 2024, fue decapitado y cuya cabeza fue expuesta sobre el toldo de un vehículo.

Este crimen no fue un hecho aislado, sino la culminación de una cadena de ataques contra la administración municipal, que incluyó el asesinato de su secretario general, Francisco Tapia, apenas tres días antes. Desde 2022, la lista de ediles y funcionarios municipales asesinados es extensa y dolorosa. Casos como la masacre de San Miguel Totolapan, donde el alcalde Conrado Mendoza y otras dieciocho personas fueron ejecutadas por grupos armados, evidencian que el poder municipal se ha convertido en el eslabón más débil —y más codiciado— por el crimen organizado.

Escenario:
La violencia no se distribuye de manera uniforme en la entidad; se concentra en regiones específicas que se han transformado en auténticos campos de batalla. La Tierra Caliente, históricamente conflictiva, es hoy un enclave de alta peligrosidad por su posición estratégica para el trasiego de drogas y la explotación de recursos ilícitos.

La región Centro, con Chilpancingo como epicentro, registra un recrudecimiento de las hostilidades derivado de la disputa por el control de rutas de transporte y el cobro de piso. La Montaña y la Costa Grande no se quedan atrás: en estas zonas, el abandono institucional permite que la ley del más fuerte se imponga sobre el Estado de derecho.

Acapulco, el puerto que alguna vez fue emblema del turismo nacional, hoy se debate entre la reconstrucción tras fenómenos naturales y una inseguridad estructural que mantiene a su población en estado de alerta permanente.

Detrás de esta espiral delincuencial operan organizaciones criminales con estructuras casi paramilitares. La Nueva Familia Michoacana, encabezada por los hermanos Hurtado Olascoaga, mantiene su zona de influencia en Tierra Caliente. En la zona Centro y la Montaña, grupos como Los Tlacos y Los Ardillos se disputan el control territorial, extendiendo su dominio incluso a la distribución de productos básicos y servicios públicos.

En Acapulco, la fragmentación del Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), junto con la incursión de células vinculadas al Cártel Jalisco Nueva Generación y facciones de los Beltrán Leyva —como Los Rusos—, ha generado un escenario de violencia atomizada, donde las treguas son frágiles y las traiciones constantes. Estos grupos no solo controlan el mercado de las drogas, sino que concentran buena parte de la economía local mediante la extorsión sistemática.

De cara a la contienda de 2027, Guerrero se perfila como un laboratorio de resistencia y transformación política. La hegemonía de Morena será puesta a prueba por el desgaste natural del ejercicio del poder y la incapacidad de frenar la espiral de violencia. Dentro del propio partido oficial, las fisuras son cada vez más visibles; el distanciamiento entre figuras clave anticipa una lucha interna por la sucesión que podría resultar tan encarnizada como la competencia externa.

La oposición, aunque debilitada, busca capitalizar el descontento social provocado por la inseguridad, pero aún carece de un liderazgo capaz de unificar a las diversas corrientes críticas. El 2027 no será únicamente una elección de nombres, sino un referéndum sobre el modelo de seguridad y la estructura de clanes que ha definido al estado en el último lustro.

Un componente central de esta dinámica política es el evidente distanciamiento entre la gobernadora Evelyn Salgado y la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez. Aunque ambas pertenecen al mismo movimiento, su relación ha estado marcada por tensiones públicas y privadas.

Los desencuentros se han originado en la gestión de la crisis de seguridad en el puerto, el manejo de los recursos tras los desastres naturales y, fundamentalmente, en el control de las estructuras territoriales de Morena en la ciudad más importante del estado. Abelina López ha denunciado en diversas ocasiones lo que considera una “elección de Estado” o intervenciones indebidas en los procesos internos del partido, mientras que el gobierno estatal ha respondido con auditorías y señalamientos administrativos.

Este conflicto no es menor: representa el choque entre dos visiones del poder, una vinculada al linaje Salgado y otra que busca construir una base de apoyo autónoma en el corazón económico de Guerrero.

Federico La Mont

No Comments

Domo de Cristal