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Disminución del déficit fiscal, un objetivo responsable del gobierno de Sheinbaum

Staff Domo de Cristal
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• El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una postura responsable al reducir el déficit fiscal con medidas viables, sin aumentar impuestos.

El secretario de Hacienda, Edgar Amador, anunció hace unos días que el déficit fiscal de México disminuyó en 2025 en comparación con 2024, al cerrar el año en 4.3% del Producto Interno Bruto (PIB) en los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), lo que representa una reducción frente al 5.8% registrado el año anterior. Aunque la Secretaría de Hacienda había estimado un déficit menor, de 3.9%, la cifra final confirma un proceso de consolidación fiscal.

Si bien el déficit fiscal resultó mayor al nivel inicialmente proyectado, el 4.3% del PIB constituye el mayor ajuste fiscal en décadas, decisión justificada por la necesidad de no frenar el crecimiento económico en un contexto de menor dinamismo del PIB y de apoyos financieros a Petróleos Mexicanos (Pemex).

El déficit fiscal ocurre cuando el gobierno gasta más recursos de los que obtiene a través de impuestos y otros ingresos en un periodo determinado, generalmente un año. Este desequilibrio obliga al Estado a financiarse mediante endeudamiento, emisión monetaria o recortes al gasto público.

Reducir el déficit fiscal en México es fundamental para preservar la estabilidad macroeconómica, evitar un endeudamiento público insostenible y disminuir la presión sobre las tasas de interés. Además, fortalece la confianza de los inversionistas y protege el poder adquisitivo de la población. Un mejor control fiscal permite liberar recursos para áreas prioritarias, en lugar de destinarlos al pago de intereses de la deuda.

Principales razones para reducir el déficit fiscal en México:

Sostenibilidad de la deuda pública: Un déficit elevado incrementa el endeudamiento y los pagos de intereses, limitando la capacidad del Estado para invertir en servicios públicos.
Confianza de los mercados: Un menor déficit reduce la volatilidad económica y los riesgos de crisis financiera.
Reducción de tasas de interés: Un déficit alto puede elevar las tasas al desplazar al sector privado del financiamiento (efecto crowding out).
Control de la inflación: Financiar el déficit mediante emisión monetaria genera presiones inflacionarias que afectan directamente a los hogares.
Priorización del gasto público: Reducir el déficit evita que el costo financiero de la deuda —estimado en 4.1% del PIB para 2026— consuma recursos destinados a salud, educación e infraestructura.

No obstante, el ajuste fiscal debe realizarse con cautela para no afectar la inversión pública necesaria para el crecimiento económico.

El gobierno de Claudia Sheinbaum ha establecido como prioridad la reducción del déficit público en 2025 y 2026, tras el elevado gasto observado en 2024. Las proyecciones apuntan a ubicar el déficit alrededor de 4.1% del PIB en 2026, después de haber alcanzado casi 6% en 2024, mediante consolidación fiscal, ahorros derivados de la austeridad y sin incrementos impositivos.

El principal reto del Paquete Económico 2025 fue garantizar los recursos suficientes para mantener los programas sociales heredados del sexenio anterior y los nuevos compromisos del segundo piso de la Cuarta Transformación, continuar la inversión en infraestructura y sostener el gasto corriente del gobierno, todo ello en paralelo con una reducción del déficit presupuestario y sin aumentar impuestos.

La disminución del déficit permitirá mantener la deuda pública en un nivel sostenible, estimado en 51.4% del PIB.

Para México, reducir el déficit es crucial, ya que un desbalance fiscal elevado puede poner en riesgo la estabilidad económica del país y afectar incluso el comercio exterior, como ocurrió en el pasado bajo políticas neoliberales.

Un ejemplo de ello fueron las administraciones de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, cuyas decisiones contribuyeron a un déficit fiscal descontrolado y a la crisis económica de 1994, precipitada, entre otros factores, por un déficit cercano al 7% del PIB.

De acuerdo con los estándares del Fondo Monetario Internacional (FMI), un déficit fiscal sostenible no debería superar el 3% del PIB. Rebasar ese umbral puede generar desconfianza en los mercados financieros, encarecer el costo de la deuda y limitar la capacidad del gobierno para responder ante crisis económicas.

En este contexto, el segundo piso de la Cuarta Transformación muestra una actitud responsable al proponerse reducir el déficit mediante medidas técnicamente viables, sin crear nuevos impuestos ni aumentar las cargas tributarias existentes, sin descuidar los compromisos sociales ni abandonar obras de infraestructura clave para el desarrollo nacional.

Por: Eduardo Esquivel Ancona

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