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Cuatro regiones potosinas de Gallardo

Staff Domo de Cristal
El Pollo

Así lo dice La Mont

Nuevo rostro en SLP:
El quehacer político potosino dejó de ser un escenario de sumisiones, al estilo de Gastón N. Santos —propietario de El Gargaleote, donde se imponían decisiones a diputados, alcaldes y ejecutivos estatales— o de Carlos Jonguitud Barrios, para convertirse en un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven con precisión calculada.

Recientemente, la aprobación de la llamada “Ley Gobernadora” por parte del Congreso local encendió las alertas en Palacio Nacional. Esta reforma, que obliga a los partidos a postular a una mujer a la gubernatura en 2027, ha sido interpretada como un blindaje directo para la senadora Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Se trata de un movimiento que contrasta abiertamente con la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la cúpula de Morena. Mientras la mandataria ha sido enfática en su rechazo al nepotismo y a la herencia de cargos públicos entre familiares, Gallardo optó por trazar su propia ruta, apostando por la continuidad de su grupo político.

Desenlace:
¿Podrá Morena ganar San Luis Potosí sin el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en 2027? Las cifras de la última elección, celebrada en 2021, son contundentes: Morena se desplomó hasta el cuarto lugar con apenas 139 mil votos, mientras que la coalición encabezada por el Verde alcanzó cerca de 458 mil sufragios.

Aunque Morena ha crecido a la sombra de la marca presidencial, entre los potosinos es mucho más visible el “gallardismo”, construido sobre una base social clientelar y una operación territorial que hoy supera con creces la estructura del partido guinda. En caso de una ruptura, Morena tendría que enfrentar directamente al gallardismo del PVEM, lo que lo obligaría a buscar una candidatura externa con liderazgo propio o, en el peor de los escenarios, resignarse a convertirse en una fuerza meramente testimonial.

Contexto:
Actualmente, el mapa del poder municipal refleja con claridad esta disparidad. Por un lado está Morena, el partido oficialista a nivel federal; por el otro, el PVEM, que ha logrado capturar más de una docena de municipios, incluidos aquellos gobernados por alcaldes que originalmente ganaron bajo otras siglas y posteriormente cambiaron de bando.

Si la ruptura se concreta, los adversarios del PVEM no provendrán únicamente de Morena. Figuras como Enrique Galindo Ceballos, actual alcalde de la capital potosina y respaldado por el PAN, se perfilan como contendientes naturales. Un escenario de “todos contra el Verde” podría ser la única vía para frenar la expansión política de Gallardo; sin embargo, la desunión de la oposición y la debilidad estructural de Morena en el estado le otorgan al gobernador una ventaja competitiva difícil de ignorar.

Descontentos:
Comprender el poder actual de Ricardo Gallardo exige mirar hacia atrás, a su accidentado —pero eficaz— ascenso a la gubernatura. Su trayectoria no fue una alfombra roja. Tras haber sido presidente municipal de Soledad de Graciano Sánchez y diputado federal, Gallardo edificó una plataforma basada en la entrega masiva de apoyos sociales y en una narrativa de “gobierno para los pobres” que caló hondo en las regiones más olvidadas del estado.

A pesar de los señalamientos legales y de su paso por centros penitenciarios años atrás —cargos de los que posteriormente fue exonerado— logró canalizar el descontento social contra las élites tradicionales del PRI y el PAN. En 2021 compitió bajo las siglas del Verde y el PT, capitalizando una estructura que él mismo financió y operó desde la base, superando tanto a la candidata oficial de Morena, Mónica Rangel, como al abanderado de la coalición opositora.

Conclusión:
El umbral de la victoria en San Luis Potosí ha quedado claramente definido por la historia reciente. En una entidad con un padrón electoral cercano a los dos millones de ciudadanos, ganar la gubernatura exige una movilización masiva. En 2021, Gallardo se alzó con el triunfo con el 37% de los sufragios, equivalentes a aproximadamente 458 mil votos.

En una contienda cerrada de tres tercios, el “número mágico” para garantizar estabilidad política ronda el medio millón de votos. Con una participación ciudadana que suele superar el 58%, cualquiera de los aspirantes que busque suceder a Gallardo en 2027 deberá entender que en San Luis Potosí no basta el prestigio de las siglas nacionales: se requiere una maquinaria territorial capaz de penetrar en las cuatro regiones del estado, donde hoy el color verde parece teñir cada rincón del presupuesto… y de la voluntad popular.

Por: Federico La Mont

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