
Así lo dice La Mont
Agenda: La relación entre México y la Santa Sede atraviesa un momento de reconfiguración bajo el pontificado de León XIV, un Papa que, pese a su origen estadounidense, mantiene una conexión histórica con la geografía mexicana. Para interpretar la nueva relación es necesario revisar la trayectoria de Robert Francis Prevost, nombre secular del Pontífice, quien antes de portar la tiara papal recorrió los caminos de México no como dignatario, sino como fraile agustino.
Durante su tiempo como Prior General de la Orden de San Agustín visitó en repetidas ocasiones comunidades en Guanajuato, Jalisco y la Ciudad de México, pernoctando en la parroquia de Nuestra Señora del Socorro, en Las Lomas de Chapultepec. Esta familiaridad le otorga una ventaja diplomática que sus predecesores no alcanzaron: conoce el “corazón” de México desde la base parroquial, lo que permite que el diálogo, aunque marcado por la prudencia institucional, sea cercano.
¿Pausa? A pesar de esta afinidad, la agenda oficial impone una pausa que ha generado diversas interpretaciones en los círculos políticos y religiosos. Se confirmó que León XIV postergó su visita a México, proyectada para el primer semestre de 2026, trasladando cualquier posibilidad de encuentro en suelo nacional hasta 2027.
Esta decisión no responde a un desinterés pastoral, sino a una compleja ingeniería de tiempos en el Vaticano, que para 2026 prioriza misiones en África y la consolidación de lazos ecuménicos en Europa, así como giras previamente contempladas en Asia y Oriente Medio, particularmente en Turquía y Líbano.
Aunque la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene abiertos los canales a través de la Secretaría de Gobernación para concretar el viaje, la Santa Sede ha optado por la cautela, evitando comprometer fechas en un calendario que aún debe asimilar los retos globales de un pontificado incipiente.
Prospectiva: En este escenario de espera, la estructura jerárquica de la Iglesia mexicana juega un papel fundamental como puente directo con Roma. Existen figuras dentro del episcopado que gozan de cercanía con el actual Papa, forjada en años de trabajo compartido. Entre ellos destacan Mons. Francisco Javier Acero Pérez y Mons. Carlos Alberto Santos García, quienes han recordado públicamente la figura de Prevost como un “padrino” de su generación episcopal.
Asimismo, el diálogo con Mons. Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey y figura central en la Conferencia del Episcopado Mexicano, es constante. Estas conexiones personales aseguran que, aun en ausencia física del Pontífice, las preocupaciones locales sobre la seguridad de los sacerdotes y la realidad social del país lleguen sin intermediarios al sumo pontificado.
Los recientes nombramientos de obispos para diócesis como Atlacomulco, Campeche y la Arquidiócesis de Morelia, bajo su mandato, subrayan que León XIV mantiene un ojo atento sobre la administración eclesial en México, eligiendo perfiles que conocen de cerca la labor pastoral en zonas de conflicto.
Mensaje: Las palabras que León XIV ha dedicado a México desde el inicio de su ministerio han sido un bálsamo de “aliento, solidaridad y esperanza”. En sus mensajes a la CEM, el Papa enfatiza la necesidad de que los católicos mexicanos actúen en comunión, especialmente ante los desafíos de la violencia y la polarización social.
Es enfático al señalar que los abusos dentro de la Iglesia no pueden ser ocultados, un mensaje que resuena con fuerza en una nación que busca justicia en múltiples frentes. Su deseo de arrodillarse ante la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac no es un mero protocolo, sino una promesa de fe que reitera en audiencias privadas y llamadas telefónicas con el gobierno mexicano.
Para León XIV, México no es solo la segunda nación con más católicos en el mundo; es un punto de referencia moral y pastoral que, aunque deba esperar hasta 2027 para recibirlo, permanece en el centro de su visión de una Iglesia más cercana a las realidades latinoamericanas.
Por: Federico La Mont
Domo de Cristal
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