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CDMX: ¡Bomba telúrica!

Staff Domo de Cristal
Sismos

Así lo dice La Mont

Destino:
La recurrencia de los movimientos telúricos en la Ciudad de México reaviva un debate que parece cíclico, pero que hoy adquiere una urgencia renovada: la viabilidad del crecimiento urbano sobre una cuenca lacustre. Ante la vulnerabilidad manifiesta, surge la interrogante de si lo sensato sería declarar una veda inmobiliaria definitiva. Esta propuesta, aunque radical, encuentra eco en sectores que observan con alarma cómo la densificación incrementa el riesgo sistémico. Sin embargo, prohibir la construcción no es una solución mágica, pues la realidad económica y social de la capital sugiere que una veda total podría empujar el desarrollo hacia la informalidad, donde las normas de seguridad son inexistentes. El problema no reside en el acto de construir, sino en el dónde y el cómo. Una veda selectiva en zonas de transición o de alta amplificación sísmica podría funcionar como mecanismo de mitigación, pero debe ir acompañada de una política de reciclaje urbano en zonas más seguras. La presión demográfica no desaparece con un decreto; se desplaza. Por ello, más que una prohibición absoluta, el debate técnico se inclina hacia una regulación extrema que condicione cualquier licencia a estudios de microzonificación que hoy, en muchos casos, son ignorados por la vorágine del mercado.

Escenarios:
Desde la perspectiva de la ingeniería de suelos, la crítica hacia la política de protección civil de las autoridades capitalinas es profunda y técnica. Los expertos señalan un desfase entre la sofisticación del Reglamento de Construcciones y la aplicación práctica de los protocolos de protección civil. Para los ingenieros geotecnistas, el mayor pecado de la autoridad ha sido la falta de transparencia y actualización de los mapas de riesgo dinámicos. Se argumenta que la protección civil se ha concentrado históricamente en la reacción y el simulacro, dejando de lado la prevención estructural profunda. Los especialistas subrayan que el suelo de la Ciudad de México no es uniforme y que las políticas públicas suelen tratarlo como un bloque sólido, ignorando las variaciones de las arcillas blandas que pueden amplificar las ondas sísmicas hasta cincuenta veces. Existe la percepción de que las autoridades han priorizado la narrativa de la “resiliencia” por encima de la inversión necesaria en instrumentación geotécnica. Para la ingeniería de suelos, la protección civil debería comenzar en el subsuelo, exigiendo estudios de mecánica de suelos mucho más rigurosos y públicos, que permitan a la ciudadanía conocer el comportamiento real del terreno que pisa.

Desenlace:
Al analizar la respuesta social y gubernamental tras el sismo de 2017, se observa un escenario de claroscuros en el apoyo a la población afectada. En los meses inmediatos al desastre, la ayuda se articuló a través de un complejo entramado de fondos públicos y donaciones privadas. El Fideicomiso para la Reconstrucción se convirtió en el eje central de la acción gubernamental, aunque su ejecución fue lenta y quedó marcada por la burocracia. Se instrumentaron programas de entrega de vivienda a fondo perdido para los sectores más vulnerables, mientras que para otros se diseñaron esquemas de redensificación, permitiendo a edificios afectados construir niveles adicionales para financiar la obra. Sin embargo, el apoyo no fue únicamente material. La sociedad civil organizada cubrió huecos que el Estado dejó vacíos, desde el peritaje técnico gratuito hasta el acompañamiento legal para familias que perdieron sus escrituras. A pesar de estos esfuerzos, la recuperación fue desigual: mientras en zonas de alta plusvalía la reconstrucción avanzó con celeridad, en las periferias y en unidades habitacionales del oriente de la ciudad el apoyo se diluyó en procesos administrativos interminables, dejando a cientos de familias en una incertidumbre que persiste años después del evento.

Riesgo:
La identificación de las colonias de alto riesgo es fundamental para comprender la geografía del peligro en la capital. El mapa de vulnerabilidad coincide, en gran medida, con la antigua cuenca lacustre. Colonias como Roma, Condesa y Juárez, pese a su dinamismo comercial, se asientan sobre terrenos de transición y depósitos lacustres con un comportamiento altamente inestable ante sismos de baja frecuencia. Hacia el centro y el norte, la colonia Doctores y Tlatelolco mantienen una herida histórica por su elevada susceptibilidad estructural. No obstante, el riesgo se agrava significativamente en la zona oriente, donde colonias de las alcaldías Iztapalapa y Tláhuac enfrentan un fenómeno dual: amplificación sísmica y agrietamiento del suelo derivado de la extracción de acuíferos. En estas áreas, el peligro no proviene solo del movimiento telúrico, sino de la vulnerabilidad de viviendas autoconstruidas que no respetan los coeficientes de diseño sísmico. La zona sur, particularmente en Xochimilco y San Gregorio, también se clasifica como de alto riesgo debido a la licuación de arenas y el hundimiento diferencial. Estas colonias no solo requieren mejores protocolos de evacuación, sino un replanteamiento integral de su infraestructura urbana, pues la combinación de suelo blando y edificaciones antiguas genera una “tormenta perfecta” que se manifiesta con cada gran sacudida del Pacífico, de la placa de Cocos o de la grieta de Guerrero.

Por: Federico La Mont 

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