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Cárteles estadounidenses son quienes trafican drogas dentro de Estados Unidos

Staff Domo de Cristal
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El presidente de Estados Unidos acusó hace unos días a México de ser el “epicentro de la violencia” de los cárteles de la droga y advirtió que el gobierno estadounidense “hará lo que sea necesario para defender la seguridad nacional y proteger al pueblo estadounidense”.

Sin embargo, la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) ha reconocido que, sin la participación de organizaciones criminales estadounidenses, sería imposible traficar y distribuir drogas dentro del país. No obstante, las autoridades estadounidenses no suelen describir a estos grupos como cárteles, sino como organizaciones criminales que operan de forma discreta y mantienen vínculos con grandes cárteles del narcotráfico en México.

Si bien es cierto que la distribución de fentanilo en Estados Unidos está encabezada principalmente por cárteles mexicanos, que fabrican la droga con precursores químicos provenientes de China y la introducen a través de la frontera sur, la red de distribución interna es compleja y cuenta con una alta participación de ciudadanos estadounidenses.

Para distribuir la droga, los cárteles mexicanos utilizan una estructura de “franquicias” y células locales, reclutando con frecuencia pandillas callejeras y utilizando redes sociales para la venta directa de fentanilo y metanfetaminas dentro de Estados Unidos.

Las pandillas y grupos criminales que distribuyen fentanilo en ese país operan principalmente como el “brazo operativo” o red de distribución final de los cárteles mexicanos, especialmente del Cártel de Sinaloa (facción Los Chapitos) y del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Aunque los cárteles producen la droga, utilizan pandillas locales y redes criminales conformadas por ciudadanos estadounidenses para la distribución al menudeo y mayoreo en las comunidades.

Principales pandillas y grupos identificados por la DEA y las autoridades estadounidenses:

  • 18th Street Gang (Pandilla de la Calle 18): Identificada como una pandilla transnacional con fuerte presencia en Estados Unidos, especialmente en California, involucrada en la distribución de fentanilo y cocaína.

  • Park Bloods (Sacramento, California): La DEA ha destacado a esta pandilla por su capacidad para vender miles de pastillas de fentanilo en una sola entrega, con tratos directos con cárteles mexicanos.

  • Mafia Mexicana (La eMe): Controla gran parte de la distribución de drogas dentro del sistema carcelario y en las calles de California.

  • Crips y Bloods: Pandillas callejeras originarias de Los Ángeles que actúan como redes de distribución local.

  • Organizaciones de Motociclistas Fuera de la Ley (OMGs): Bandas de motociclistas que facilitan la distribución de drogas sintéticas.

  • Pandillas de prisión y grupos locales: Organizaciones como la Hermandad Aria (Aryan Brotherhood), el Sindicato de Texas (Texas Syndicate), la Familia Guerrillera Negra (Black Guerrilla Family) y Las Netas también participan en el tráfico interno.

Características de la distribución interna

  • Redes de mayoristas: Operan en ciudades clave como Los Ángeles, Phoenix, Houston, Chicago, Atlanta y Miami, sirviendo como puente entre los cárteles y los traficantes locales.

  • Laboratorios locales: Se han detectado redes que operan prensas de pastillas en el sur de California (Inglewood y Compton) para fabricar pastillas falsificadas de fentanilo directamente en suelo estadounidense.

  • Venta digital: Gran parte de la distribución al consumidor final se realiza actualmente a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería.

A pesar de que el gobierno de Estados Unidos suele enfocarse en los proveedores extranjeros, la DEA reconoce que existen miles de ciudadanos estadounidenses involucrados en estas redes de distribución que permiten que el fentanilo llegue desde la frontera hasta comunidades remotas.

La Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, organización no gubernamental con sede en Ginebra, Suiza, y financiada parcialmente por el Departamento de Estado de Estados Unidos y la Unión Europea, elabora un índice mundial sobre crimen organizado. En el capítulo dedicado a Estados Unidos señala que existen “miles de pandillas activas, involucradas en drogas, armas y tráfico humano, que son violentas”. También destaca la permanencia de cinco grandes familias que descienden de la Cosa Nostra, con presencia en Nueva York, el sur de Nueva Jersey y Filadelfia. Asimismo, existen pandillas de motociclistas que participan en el mercado de las drogas, particularmente transportándolas a través de las fronteras.

El alto consumo de drogas en Estados Unidos genera enormes ganancias para quienes producen y distribuyen narcóticos. A ello se suma la falta de una política eficiente de prevención del consumo de estupefacientes, particularmente del fentanilo. En ese contexto, responsabilizar exclusivamente a México de este problema resulta desproporcionado.

Desde 1999, más de 1.15 millones de estadounidenses han muerto por sobredosis. Además, el 51.2% de la población mayor de 12 años ha consumido drogas al menos una vez en su vida. El presupuesto anual para combatir este flagelo ascendió en 2024 a 44.5 mil millones de dólares, cifra que duplica el gasto público total de Uruguay.

Asimismo, el 28.9% de quienes consumen alcohol en Estados Unidos tiene problemas para controlar su consumo, mientras que el 22.9% de los mayores de 18 años fuma marihuana.

El problema de las drogas debe abordarse desde una perspectiva integral. Combatir la producción y el tráfico es indispensable para disminuir la oferta; sin embargo, también es necesario invertir de manera decidida en la prevención del consumo y abandonar la narrativa simplista que responsabiliza exclusivamente a México del elevado consumo de opioides en territorio estadounidense.

El gobierno de Estados Unidos también debe revisar la corrupción existente en sus aduanas, que permite la entrada de drogas y precursores químicos para la producción de fentanilo, así como la salida de armas hacia México, las cuales terminan en manos de los cárteles y alimentan la violencia en territorio mexicano.

Finalmente, es indispensable fortalecer la colaboración internacional para reducir la producción y distribución de estos opioides. También se requiere invertir en programas de prevención y combatir los circuitos financieros de lavado de dinero a escala global, particularmente en Estados Unidos.

Por: Eduardo Esquivel Ancona

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