El fundador del PRD y tres veces candidato presidencial fue protagonista de una de las rupturas políticas más trascendentes del México contemporáneo. Su salida del priismo en 1987, la controvertida elección de 1988 y la construcción de una alternativa partidista contribuyeron a modificar el equilibrio de fuerzas y a acelerar la transición democrática del país.
La política mexicana perdió este miércoles 28 de octubre de 2026 a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien murió a los 92 años, de acuerdo con la información proporcionada. Su trayectoria estuvo estrechamente vinculada con la transformación del sistema de partidos, el fortalecimiento de la oposición y la lucha por abrir mayores espacios de competencia electoral frente a la hegemonía que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mantuvo durante buena parte del siglo XX.
Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), exgobernador de Michoacán, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido mediante el voto ciudadano, Cárdenas ocupó un lugar singular en la historia política nacional.
Su legado no se explica únicamente por los cargos que desempeñó ni por sus tres candidaturas presidenciales. Su mayor trascendencia radica en haber encabezado una fractura dentro del partido dominante que permitió articular a sectores inconformes con el rumbo económico y político del país, al tiempo que convirtió a la izquierda en una fuerza electoral con presencia nacional.
De la herencia cardenista a la disidencia priista
Nacido el 1 de mayo de 1934 en la Ciudad de México, Cuauhtémoc Cárdenas fue hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, presidente de México entre 1934 y 1940. La figura de su padre, asociada con la expropiación petrolera de 1938, el reparto agrario y el fortalecimiento del Estado, constituyó una referencia política permanente en su trayectoria.
Sin embargo, su carrera no se limitó a reivindicar esa herencia. Después de incorporarse al PRI, ocupar responsabilidades partidistas y legislativas y gobernar Michoacán entre 1980 y 1986, Cárdenas terminó enfrentado con la dirigencia que controlaba las decisiones fundamentales del partido.
La disputa adquirió mayor profundidad durante el gobierno de Miguel de la Madrid, cuando el viraje hacia políticas económicas de orientación neoliberal provocó tensiones entre los sectores tradicionales del nacionalismo revolucionario y los grupos que impulsaban una nueva estrategia económica.
En ese escenario, Cárdenas se convirtió en uno de los principales referentes de quienes reclamaban democratizar la vida interna del PRI y cuestionaban la concentración de las decisiones políticas en su dirigencia.
1987: la ruptura que alteró el mapa político
La Corriente Democrática del PRI, impulsada por Cárdenas junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros dirigentes, desafió los mecanismos tradicionales de selección de candidatos y exigió una mayor participación de las bases en las decisiones partidistas.
La designación de Carlos Salinas de Gortari como candidato presidencial profundizó el conflicto. Frente a la negativa de modificar las reglas internas, Cárdenas rompió con el priismo y encabezó una candidatura opositora que reunió a diversas organizaciones y corrientes políticas bajo el Frente Democrático Nacional.
La elección del 6 de julio de 1988 se convirtió en un punto de inflexión. La interrupción del sistema de cómputo electoral, conocida como la «caída del sistema», y las controversias sobre el recuento de los votos alimentaron las denuncias de irregularidades y dejaron una profunda disputa sobre la legitimidad del resultado que dio la victoria oficial a Salinas de Gortari.
Más allá de la controversia electoral, aquella campaña demostró que el régimen priista enfrentaba una oposición capaz de movilizar a amplios sectores sociales y disputar el poder presidencial.
El fenómeno cardenista también evidenció que las diferencias dentro del antiguo partido hegemónico podían traducirse en una fuerza política independiente, con capacidad para aglutinar a la izquierda histórica, movimientos sociales y militantes inconformes con el rumbo del país.
El nacimiento del PRD y la construcción de una oposición nacional
En 1989, Cárdenas participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática, organización que integró a distintas expresiones de izquierda y a sectores provenientes de la disidencia priista.
El PRD se convirtió en una de las principales fuerzas opositoras durante las siguientes décadas. Su creación representó un esfuerzo por trasladar la movilización política de 1988 a una estructura partidista capaz de competir en elecciones, conquistar gobiernos locales y disputar espacios legislativos.
La construcción de esa organización no estuvo exenta de conflictos internos, diferencias ideológicas y dificultades para consolidar una alternativa unificada. Aun así, su aparición modificó la competencia electoral y contribuyó a ampliar el pluralismo político mexicano.
Cárdenas volvió a contender por la Presidencia en 1994 y 2000. Aunque no consiguió llegar a Los Pinos, sus campañas mantuvieron a la izquierda en la disputa nacional y formaron parte de un proceso de transformación que desembocó en la alternancia presidencial de 2000, cuando el PRI perdió por primera vez la Presidencia frente a un candidato de oposición.
La conquista democrática de la Ciudad de México
Uno de los episodios más significativos de su trayectoria ocurrió en 1997, cuando ganó la primera elección directa para jefe de Gobierno del Distrito Federal. Su triunfo puso fin al esquema mediante el cual el presidente de la República designaba a quien encabezaba la administración capitalina.
La victoria tuvo un significado que trascendió la gestión local: la capital del país se convirtió en uno de los principales bastiones electorales de la izquierda y en un espacio desde el cual se impulsaron nuevas formas de competencia política.
Cárdenas ocupó el cargo hasta 1999, cuando dejó la administración para concentrarse en su tercera candidatura presidencial. Su paso por el gobierno capitalino consolidó su perfil como dirigente nacional y reforzó la presencia del PRD en una de las entidades con mayor peso político y económico del país.
Soberanía energética y defensa del papel del Estado
Otro eje permanente de su pensamiento fue la defensa de la soberanía nacional, particularmente en materia energética. La expropiación petrolera de 1938, asociada con el gobierno de su padre, representó un referente histórico para sus posiciones sobre el papel de Petróleos Mexicanos y la participación del Estado en sectores estratégicos.
A lo largo de su carrera, Cárdenas mantuvo una visión crítica de las políticas que, a su juicio, debilitaban las capacidades públicas y subordinaban decisiones nacionales a intereses económicos particulares.
Esta posición lo vinculó con una tradición nacionalista de la izquierda mexicana, aunque su trayectoria también estuvo marcada por diferencias con otras corrientes y liderazgos del propio campo progresista.
Un legado que rebasa las urnas
La importancia histórica de Cuauhtémoc Cárdenas reside en haber contribuido a desmontar la idea de que el PRI era invencible y en demostrar que la competencia por el poder podía articularse desde una oposición con raíces dentro del propio régimen.
Su ruptura partidista, la movilización de 1988, la fundación del PRD y la conquista electoral de la Ciudad de México fueron episodios que ampliaron los márgenes de participación y ayudaron a transformar el sistema político mexicano.
Su legado también debe evaluarse a partir de los límites de su proyecto: sus tres candidaturas presidenciales no culminaron en una victoria, la izquierda atravesó divisiones persistentes y la democratización electoral no resolvió por sí misma los problemas estructurales del país.
Con su muerte, México pierde a uno de los protagonistas de la transición democrática de finales del siglo XX. Su trayectoria deja una pregunta central para la historia política nacional: ¿hasta qué punto la apertura democrática que hoy caracteriza al sistema de partidos fue posible sin aquella ruptura de 1987 y la movilización ciudadana que marcó la elección de 1988?
La respuesta explica por qué Cuauhtémoc Cárdenas ocupa un lugar fundamental en la historia contemporánea: no solo por haber desafiado al partido que dominó la vida pública durante décadas, sino por haber contribuido a abrir una ruta para que la oposición disputara el poder por la vía electoral.