El presidente estadounidense asegura que mantendrá una relación comercial favorable con México, mientras Washington acelera las conversaciones de cara a la revisión del acuerdo norteamericano.
Washington.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, descartó por ahora la posibilidad de que su país abandone el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), una definición que reduce temporalmente la incertidumbre sobre el futuro de uno de los principales bloques comerciales del mundo y ofrece a México un mayor margen para negociar.
Durante su visita a Dublín, Trump fue cuestionado sobre la posibilidad de retirar a Estados Unidos del acuerdo comercial. El mandatario rechazó esa opción y aseguró que mantiene una relación positiva con México, aunque volvió a expresar sus diferencias con Canadá.
“Vamos a tener una gran relación con México”, afirmó Trump, al tiempo que sostuvo que Canadá ha mantenido durante décadas prácticas comerciales que, a su juicio, han perjudicado a Estados Unidos.
La declaración adquiere relevancia económica porque ocurre en un momento en que Washington ha optado por no extender por 16 años la vigencia del T-MEC y, en cambio, mantener el mecanismo de revisiones anuales hasta el vencimiento previsto para 2036.
Menos riesgo de ruptura, pero no de presión comercial
La postura de Trump no significa que desaparezcan las amenazas comerciales para México. Por el contrario, la estrategia estadounidense mantiene abierta la posibilidad de utilizar aranceles y revisiones sectoriales como instrumentos de presión durante las negociaciones.
La diferencia fundamental es que una salida inmediata del T-MEC implicaría un escenario de elevada incertidumbre para las cadenas productivas de América del Norte, particularmente en sectores como el automotriz, electrónico, acero, aluminio, agroalimentario y manufacturero.
Para México, mantener vigente el acuerdo representa un activo estratégico. La integración de las cadenas de suministro con Estados Unidos permite que empresas instaladas en territorio mexicano participen en procesos productivos que cruzan varias veces las fronteras antes de llegar al consumidor final.
Una ruptura o debilitamiento severo del tratado elevaría los costos de producción, afectaría decisiones de inversión y podría retrasar proyectos vinculados con el nearshoring.
México y EU aceleran negociaciones
En este contexto, los equipos negociadores de México y Estados Unidos tienen previsto continuar las conversaciones durante septiembre con el objetivo de avanzar en los temas pendientes antes de que la agenda política estadounidense complique todavía más el proceso.
Las elecciones intermedias de Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre, constituyen un factor adicional de presión para la administración Trump. Washington tiene incentivos para mostrar avances comerciales antes de que la campaña electoral concentre la atención política y aumente la sensibilidad sobre empleo, manufactura, déficit comercial y protección de industrias estadounidenses.
Las conversaciones también buscan reducir las tensiones provocadas por los aranceles impuestos por Estados Unidos a determinados productos mexicanos, particularmente en sectores estratégicos como acero, aluminio y automotriz.
Un entendimiento bilateral México-Estados Unidos podría aliviar parte de esas presiones, aunque los asuntos que involucren directamente a Canadá deberán resolverse dentro de la negociación trilateral.
El factor Canadá complica el tablero
La relación de Washington con Ottawa representa uno de los principales obstáculos para la estabilidad futura del acuerdo.
Trump mantiene un discurso particularmente crítico hacia Canadá, mientras el gobierno del primer ministro Mark Carney ha respondido con mayor firmeza ante las exigencias estadounidenses.
Las diferencias aumentaron después de que Washington planteara nuevas condiciones que Ottawa consideró demasiado agresivas y que podían afectar decisiones consideradas de carácter soberano. El conflicto terminó provocando una suspensión temporal de las negociaciones entre ambos gobiernos.
Para México, la disputa entre sus dos principales socios comerciales representa un riesgo, pero también una oportunidad.
El interés de Washington por profundizar su relación económica con México puede incrementar el valor estratégico de la economía mexicana dentro de Norteamérica. Sin embargo, cualquier negociación que avance de manera bilateral tendrá que cuidar que no termine debilitando el carácter trilateral del T-MEC.
El impacto económico para México
Desde la perspectiva mexicana, la declaración de Trump funciona como una señal positiva para los mercados y para las empresas que dependen del comercio exterior, aunque todavía no elimina el riesgo asociado a la política arancelaria estadounidense.
México necesita preservar el acceso preferencial al mercado estadounidense y, al mismo tiempo, defender las reglas de origen, la certidumbre jurídica y las condiciones que han permitido desarrollar cadenas regionales de suministro.
La importancia del T-MEC va mucho más allá del intercambio de mercancías. El tratado constituye uno de los principales pilares de la estrategia industrial mexicana, particularmente para atraer inversiones orientadas a producir cerca del mercado estadounidense.
Por ello, el escenario más favorable para México no consiste únicamente en evitar una salida estadounidense del acuerdo, sino en conseguir que la revisión fortalezca la integración productiva de América del Norte.
La postura expresada por Trump abre, al menos temporalmente, esa posibilidad.
Una tregua, no el final de la incertidumbre
El mensaje del presidente estadounidense permite descartar, por ahora, el escenario más disruptivo: una salida unilateral de Estados Unidos del T-MEC.
Sin embargo, la política comercial de Trump continúa caracterizada por el uso de aranceles como herramienta de negociación, por lo que México deberá mantener una estrategia de diálogo y defensa de sus intereses económicos.
La prioridad será convertir la relación comercial en una ventaja competitiva de largo plazo: mayor contenido regional, nuevas inversiones, cadenas de suministro más integradas y certidumbre para las empresas.
En otras palabras, la señal de Trump reduce el riesgo de una ruptura, pero no elimina la presión.
Para México, la revisión del T-MEC representa así un doble desafío: evitar que los aranceles se conviertan en una barrera permanente y aprovechar la integración norteamericana para consolidarse como plataforma manufacturera estratégica frente a Asia.