Así lo dice La Mont
¡Otro gober! Samuel García tensó al máximo la cuerda política en Nuevo León al empeñarse en convertir su capital político y conyugal en la principal divisa de Movimiento Ciudadano, perfilando el impulso de Mariana Rodríguez como eje central de su permanencia en el poder.
La jugada, que privilegia el carisma en redes sociales por encima de la construcción de acuerdos estructurales, adquiere tintes de apuesta suicida en un estado donde el electorado suele castigar la soberbia y los excesos del personalismo.
Si la maquinaria naranja no logra retener el respaldo ciudadano y sufre una derrota, el destino político del gobernador difícilmente será un retiro tranquilo. La historia reciente de la entidad muestra una sentencia implacable contra quienes desafían los equilibrios de poder sin blindaje institucional ni un relevo afín.
De consumarse el fracaso electoral, Samuel García quedaría expuesto a transitar una ruta de desgaste político, judicial y mediático similar a la que padecieron sus antecesores inmediatos: el asedio judicial que enfrentó Rodrigo Medina de la Cruz después de entregar la gubernatura a la oposición, o la reclusión y el escarnio público que marcaron el desenlace de Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”.
Certeza
En este tablero de alto riesgo, el respaldo del sector privado tampoco representa un cheque en blanco.
Aunque el mandatario logró construir alianzas con una nueva generación empresarial, directivos de la CAINTRA y sectores vinculados con la atracción de inversiones globales y el desarrollo de parques industriales al amparo del nearshoring, su relación con las cúpulas tradicionales del histórico Grupo Monterrey dista de ser monolítica.
Grandes consorcios como Femsa, Alfa, Cemex y Gruma observan con preocupación el desgaste institucional provocado por el choque constante del Ejecutivo estatal con el Congreso local, los organismos autónomos y diversos liderazgos municipales.
El gran capital regiomontano privilegia la gobernabilidad, la certeza jurídica y la solución efectiva de problemas críticos —como el colapso vial, la inseguridad y la crisis hídrica— por encima del marketing electoral.
Si la apuesta conyugal de Movimiento Ciudadano amenaza con paralizar la economía o profundizar la inestabilidad política del estado, la élite empresarial podría retirar su respaldo y alinearse con proyectos capaces de garantizar orden, certidumbre y continuidad económica.
Caída libre
El eventual colapso del proyecto emecista abriría de par en par las puertas a una nueva alternancia, con la oposición tradicional y el oficialismo federal dispuestos a capitalizar el descontento ciudadano.
Desde el bloque del PRI y el PAN, figuras con estructura territorial como Adrián de la Garza y Francisco Cienfuegos, además de cuadros de arraigo panista encabezados por Zeferino Salgado y Fernando Margáin, buscan recuperar los espacios perdidos.
Morena, impulsado por el peso de la Federación y por perfiles como Waldo Fernández y Clara Luz Flores, pretende, a su vez, consolidar su presencia en el norte del país.
La batalla decisiva no se definirá en los discursos, sino en el corredor metropolitano, donde se concentra la mayor parte del padrón electoral. Monterrey aparece como la joya de la corona y principal termómetro político; Guadalupe y Apodaca, como territorios determinantes para el voto obrero y popular; San Nicolás de los Garza y San Pedro Garza García, como trincheras de sectores conservadores y de alto poder económico, mientras Juárez, Escobedo y García representan el acelerado crecimiento demográfico de la zona metropolitana.
Perder esta franja urbana no solo significaría una severa derrota para el emecismo en Nuevo León; también podría marcar el inicio de una etapa de mayor vulnerabilidad política para un gobernador que habría apostado su futuro al espejismo de la popularidad.
Y, a propósito de Nuevo León, el diputado con licencia y aspirante a la Coordinación de la Defensa de la Transformación, Jesús Elizondo, lanzó una sentencia que resume la disputa por el poder estatal: “Caballo que alcanza, gana”.
Con esa expresión rechazó que el acceso al Palacio de Gobierno pueda resolverse mediante cabildeos o acuerdos cupulares del llamado Grupo de los 10, en una contienda que comienza a perfilarse como una disputa abierta por el futuro político de Nuevo León.
Por: Federico Lamont