Opinión

Industria azucarera mexicana, bajo presión por el avance del JMAF

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Staff Domo de Cristal
28 de agosto de 2026, 4:59 am
Tiempo 7 min
Industria azucarera mexicana, bajo presión por el avance del JMAF

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Por: Eduardo Esquivel Ancona 

El crecimiento de las importaciones de jarabe de maíz de alta fructosa modifica la estructura de costos de la industria alimentaria y reduce el espacio para el azúcar de caña en el mercado nacional

La industria azucarera mexicana atraviesa una etapa de elevada presión económica. A los problemas asociados con la sobreoferta interna, los precios internacionales y las restricciones para colocar azúcar en el exterior se suma un factor que ha ganado terreno en los últimos años: el creciente consumo de jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), particularmente en las industrias refresquera y de alimentos procesados.

El fenómeno tiene una dimensión comercial, pero también revela una diferencia estructural entre dos cadenas productivas. Mientras la caña de azúcar depende de ciclos agrícolas, costos de campo, disponibilidad de agua, cosechas y precios internacionales, el JMAF se obtiene mediante un proceso industrial a partir del maíz y ofrece a los grandes consumidores una materia prima líquida, estandarizada y de suministro relativamente constante.

El resultado es una competencia que no se limita al precio del endulzante. Para numerosas empresas, especialmente aquellas que fabrican productos a gran escala, el JMAF puede representar ventajas logísticas y operativas que inciden directamente en sus costos.

El subsidio estadounidense, un factor de distorsión

Uno de los principales cuestionamientos de la industria mexicana apunta a los apoyos que recibe la producción agrícola estadounidense.

El maíz es uno de los cultivos estratégicos de Estados Unidos y cuenta con distintos mecanismos de respaldo federal, entre ellos programas vinculados con precios, ingresos y condiciones de mercado. En momentos de bajos precios o afectaciones comerciales, el gobierno estadounidense también ha instrumentado paquetes extraordinarios de apoyo para proteger a sus productores.

Desde la perspectiva mexicana, estos mecanismos pueden generar una distorsión competitiva cuando el maíz subsidiado termina convertido en JMAF y posteriormente ingresa al mercado nacional.

Sin embargo, técnicamente conviene distinguir entre subsidio y dumping. La existencia de apoyos gubernamentales no demuestra por sí misma que exista una práctica de dumping en términos de las reglas comerciales internacionales; para acreditar este último supuesto se requiere demostrar que un producto es exportado a un precio inferior a su valor normal y que ello provoca un daño a la producción nacional.

La discusión económica, no obstante, permanece abierta: cuando una materia prima cuenta con respaldo gubernamental y se incorpora a una cadena industrial altamente eficiente, puede generar una ventaja de costos difícil de replicar por productores que operan bajo estructuras agrícolas diferentes.

El JMAF gana terreno en México

Las cifras de comercio muestran la magnitud del cambio.

Las importaciones mexicanas de JMAF pasaron de 301.9 millones de dólares en 2021 a 531.1 millones de dólares en 2025, un incremento cercano a 76 por ciento, de acuerdo con las cifras referidas del Banco de México.

Más allá del valor monetario, el crecimiento revela una transformación en la composición de la demanda de edulcorantes del país. El azúcar de caña no ha desaparecido de las formulaciones de refrescos, alimentos y bebidas; ambos productos continúan coexistiendo. Sin embargo, el avance del JMAF amplía la competencia por un mercado que históricamente representó una fuente fundamental de demanda para los ingenios nacionales.

Para la industria azucarera, el problema se vuelve más complejo cuando la menor demanda doméstica coincide con dificultades para exportar.

El problema de fondo: oferta, demanda y precio

Desde una perspectiva económica, la presión sobre los ingenios puede entenderse a partir de una ecuación sencilla: si aumenta la disponibilidad de edulcorantes alternativos y simultáneamente disminuyen las posibilidades de colocar azúcar en determinados mercados externos, el excedente debe absorberse dentro de México.

Ese mayor volumen disponible presiona los precios internos y puede trasladarse hacia atrás en la cadena productiva, afectando los ingresos de los ingenios y, eventualmente, el valor que reciben los productores de caña.

La reducción o modificación de las cuotas de acceso al mercado estadounidense adquiere especial relevancia en este contexto. Estados Unidos constituye uno de los destinos fundamentales para el azúcar mexicana, por lo que cualquier cambio en las condiciones de exportación puede alterar rápidamente el equilibrio entre producción, inventarios y consumo nacional.

Por ello, el incremento del cupo de exportación para el ciclo 2026-2027, estimado en hasta 1.152 millones de toneladas de azúcar mexicana, representa un alivio para el sector.

Pero el efecto debe analizarse con cautela.

Una mayor cuota de exportación puede retirar excedentes del mercado mexicano y contribuir a mejorar las condiciones de comercialización, pero no resuelve por sí misma la competencia estructural entre el azúcar de caña y el JMAF.

¿Por qué las empresas utilizan JMAF?

La expansión del jarabe de maíz no puede explicarse exclusivamente por la política agrícola estadounidense. También responde a razones estrictamente empresariales.

Para la industria de bebidas y alimentos, el JMAF presenta varias ventajas:

Menor costo: dependiendo de las condiciones del mercado, puede resultar económicamente atractivo frente al azúcar de caña, particularmente para consumidores industriales de grandes volúmenes.

Facilidad de manejo: al tratarse de un producto líquido, puede incorporarse directamente a los procesos de producción y automatizarse su dosificación.

Solubilidad: se integra rápidamente en bebidas y otros productos sin requerir procesos adicionales asociados con la disolución del azúcar cristalizado.

Estandarización: su composición y características permiten mantener formulaciones relativamente uniformes en procesos industriales de gran escala.

Logística: el suministro industrial de JMAF puede ofrecer mayor continuidad y reducir parte de la exposición a los ciclos propios de la producción agrícola de caña.

Estas características convierten al JMAF en algo más que un sustituto del azúcar: para determinados segmentos representa una herramienta de eficiencia industrial.

El reto para los ingenios mexicanos

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en frenar las importaciones. La industria azucarera enfrenta la necesidad de mejorar su competitividad en toda la cadena.

Esto implica elevar la productividad de los cultivos, reducir costos de producción, modernizar ingenios, mejorar infraestructura logística y ampliar los mercados para el azúcar mexicano.

También abre la puerta a una estrategia de diversificación. La cadena de la caña puede generar productos con mayor valor agregado y aprovechar subproductos como el bagazo y la melaza, además de desarrollar nuevas aplicaciones industriales y energéticas.

La discusión adquiere mayor relevancia porque el azúcar no es solamente un producto agrícola. Alrededor de ella existe una cadena que involucra productores de caña, trabajadores, ingenios, transportistas, proveedores, industrias alimentarias y comunidades rurales.

Más exportaciones, pero una solución incompleta

El aumento de las exportaciones hacia Estados Unidos puede contribuir a despresurizar el mercado interno durante el próximo ciclo. Sin embargo, mientras el JMAF mantenga una posición competitiva en costos y las empresas continúen encontrando ventajas industriales en su utilización, la presión sobre el azúcar de caña seguirá presente.

La solución de largo plazo requiere algo más que elevar las cuotas de exportación. México necesita fortalecer la productividad de su cadena azucarera y, al mismo tiempo, revisar las condiciones comerciales bajo las cuales compiten ambos edulcorantes.

El punto central del debate no es únicamente azúcar contra fructosa. Es la capacidad de dos cadenas agroindustriales con estructuras de costos diferentes para competir dentro de un mismo mercado.

Si México pretende preservar la rentabilidad de la industria azucarera y el ingreso de miles de productores de caña, el desafío será reducir esa brecha de competitividad sin trasladar mayores costos al consumidor ni generar distorsiones adicionales.

En otras palabras, la mayor exportación de azúcar puede ganar tiempo para los ingenios, pero la verdadera batalla económica se libra en el mercado interno y en la productividad de toda la cadena.

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