Estados Unidos evalúa llevar su estrategia militar contra el narcotráfico más allá de las operaciones marítimas y extenderla a territorio latinoamericano, en coordinación con gobiernos aliados de la región.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, confirmó durante una visita a Panamá que Washington trabaja con países socios para desarrollar acciones contra organizaciones criminales consideradas terroristas por la administración de Donald Trump.
El funcionario sostuvo que la ofensiva buscaría enfrentar a las redes dedicadas al tráfico de cocaína, fentanilo y otras drogas, además de grupos armados vinculados con actividades ilícitas en Colombia. La intención, explicó, es trasladar a tierra la capacidad operativa que Estados Unidos ha utilizado en acciones contra embarcaciones en aguas del Caribe y el Pacífico.
Hegseth señaló que Washington mantiene conversaciones y coordinación con países como Ecuador y Colombia para ampliar el combate contra las denominadas organizaciones terroristas dedicadas al narcotráfico.
Washington amplía cooperación regional
La estrategia contempla una participación multinacional para combatir estructuras criminales en distintos puntos de América Latina. Entre los países que forman parte de esta cooperación se encuentran Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras y Perú.
La administración estadounidense sostiene que los sitios utilizados para el tráfico de drogas o aquellos donde estas organizaciones representen una amenaza para civiles y países aliados podrían convertirse en objetivos de sus operaciones.
El endurecimiento de la política antidrogas ocurre después de los ataques emprendidos desde septiembre pasado contra embarcaciones señaladas por Washington como relacionadas con el contrabando de drogas, acciones que, de acuerdo con información de AFP, han dejado al menos 215 personas muertas.
El nuevo planteamiento contempla la participación de 19 países y abre la posibilidad de que las operaciones de Estados Unidos y sus aliados trasciendan las aguas internacionales para perseguir a grupos criminales directamente en tierra.
El anuncio incrementa la presión sobre América Latina y plantea un nuevo escenario de cooperación —pero también de posibles tensiones— entre Washington y los gobiernos de la región ante el avance de una estrategia antidrogas con mayor componente militar.