Washington acusa triangulación de productos chinos mediante México y otros países para acceder a menores tasas arancelarias; el señalamiento coloca al T-MEC bajo mayor presión de cara a su revisión.
La Casa Blanca encendió una nueva alerta sobre el comercio entre México, Estados Unidos y China al acusar a empresas chinas de utilizar terceros países, entre ellos México, para eludir parte de los aranceles impuestos por Washington a sus productos.
En el informe denominado “La gran estafa del transbordo”, la administración estadounidense sostiene que mercancías procedentes de China son enviadas a través de una red de aproximadamente 40 países con el objetivo de aprovechar tratamientos arancelarios más favorables y reducir el costo de ingresar al mercado estadounidense.
El documento, elaborado por la oficina de Peter Navarro, asesor comercial de la Casa Blanca, advierte que esta práctica afecta directamente a la industria manufacturera estadounidense, debido a que productos y componentes de origen chino pueden terminar compitiendo con mercancías fabricadas en Estados Unidos bajo condiciones arancelarias distintas.
Entre los productos señalados aparecen fuentes de alimentación, paneles de control, láminas de aluminio, válvulas, plásticos y componentes para mobiliario. De acuerdo con el gobierno estadounidense, estos bienes pueden ser desviados desde China hacia países como México, Vietnam, Malasia, Polonia o Emiratos Árabes Unidos antes de llegar al mercado estadounidense.
La Casa Blanca sostiene que el problema adquiere una dimensión mayor cuando el mecanismo involucra a México o Canadá, debido a las preferencias comerciales contempladas en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Según el planteamiento estadounidense, si una mercancía china es introducida a México o Canadá y posteriormente obtiene de manera indebida el beneficio de las reglas preferenciales del acuerdo comercial, el arancel que originalmente correspondería a China podría reducirse incluso hasta cero por ciento.
La acusación tiene implicaciones económicas relevantes para México. El problema no radica en que una empresa china exporte legalmente a territorio mexicano, sino en que mercancías que no cumplen con las reglas de origen puedan ser presentadas posteriormente como productos elegibles para las ventajas del T-MEC.
México, en el centro de la disputa
El señalamiento de Washington coloca a México en una posición particularmente sensible frente a la creciente rivalidad comercial entre Estados Unidos y China.
Desde la perspectiva estadounidense, la ventaja competitiva de México dentro del T-MEC puede convertirse en un incentivo para que empresas asiáticas establezcan operaciones en territorio nacional únicamente como mecanismo para modificar la ruta comercial de sus productos, sin generar una integración productiva real.
Para México, esto representa un riesgo doble. Por un lado, una mayor vigilancia estadounidense podría traducirse en revisiones más estrictas sobre el origen de las mercancías y en investigaciones contra empresas que intenten utilizar indebidamente las preferencias del tratado. Por otro, podría aumentar la presión para establecer controles más rigurosos sobre las importaciones provenientes de China.
El trasfondo es también industrial. Washington busca evitar que los aranceles aplicados directamente a productos chinos pierdan efectividad cuando las mercancías ingresan al mercado estadounidense mediante terceros países.
La Casa Blanca argumenta que cada dólar de comercio que logra evadir los aranceles representa una pérdida para fabricantes, trabajadores y contribuyentes estadounidenses, particularmente en regiones con fuerte presencia manufacturera.
El T-MEC, bajo mayor presión
El señalamiento ocurre en un momento especialmente delicado para la relación comercial de América del Norte. Estados Unidos pretende endurecer los mecanismos que permitan garantizar que los beneficios del T-MEC sean aprovechados principalmente por empresas y cadenas productivas de México, Estados Unidos y Canadá.
En términos económicos, el desafío para México consiste en mantener su atractivo como plataforma de producción y exportación sin convertirse en un punto de triangulación de mercancías asiáticas.
La diferencia es fundamental: una empresa china que produce en México utilizando insumos, trabajadores y procesos productivos nacionales puede contribuir a la integración regional; una operación que únicamente importa mercancías terminadas, realiza modificaciones mínimas y las reexporta buscando beneficios arancelarios puede convertirse en un problema para el T-MEC.
Por ello, el informe estadounidense no sólo representa una acusación contra China. También anticipa una posible etapa de mayor escrutinio sobre las cadenas de suministro instaladas en México.
El riesgo para las empresas mexicanas es que Washington incremente las verificaciones de origen y cuestione operaciones que considere diseñadas para evadir los aranceles aplicables a China. Para México, el reto será demostrar que la relocalización de inversiones asiáticas genera contenido regional, empleo y valor agregado, y no únicamente una nueva ruta para acceder al mercado estadounidense.
En ese escenario, la disputa comercial entre Washington y Beijing comienza a trasladarse al territorio mexicano: el T-MEC podría convertirse en una de las principales herramientas de Estados Unidos para impedir que China utilice a México como plataforma de acceso preferencial al mayor mercado del mundo.
Me parece que la paranoia de EU es crónica y se convierte en una presión adicional para México. El imperio quiere controlar y se siente impotente ante el superávit comercial mexicano.