SonoraPower Por Demian Duarte
Es un hecho indiscutible que la economía de México acelera y que este año podrá sorprender a propios y extraños con su desempeño. No se trata en sí mismo de una estadística de crecimiento del Producto Interno Bruto, sino de toda una visión que engloba la palabra bienestar. Sin embargo, no deja de ser emocionante observar los datos que muestran un repunte.
El INEGI reportó el pasado 30 de julio los datos de la estimación oportuna del Producto Interno Bruto, con dos cifras importantes: durante el segundo trimestre, es decir, entre abril, mayo y junio, la economía creció 1.5%; el otro dato es que, a tasa anual, la variación es incluso mayor, pues alcanzó 2.1%.
Cualquier analista económico me podrá decir que no es suficiente y que incluso el dato es mediocre; sin embargo, la economía está alcanzando uno de sus mejores niveles de comportamiento en cinco años, y esto tiene que ver con varios factores. Entre ellos se encuentran la actividad del campo mexicano como elemento central; la actividad industrial y de construcción, como segundo elemento, y la expansión del mercado interno, como tercer factor.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha vaticinado que el segundo semestre de este año será todavía mucho mejor que el arranque, y esto tiene que ver con la captación de más inversiones productivas y la inversión de recursos del propio gobierno en proyectos de infraestructura.
Queda muy claro que la economía de México tiene que crecer a tasas sostenidas que superen el 5% anual, pero llegar a este nivel de dinamismo nos ha costado trabajo. Las inversiones extranjeras se han frenado por efecto del factor Trump y la incertidumbre que el ocupante de la Casa Blanca ha traído consigo alrededor del T-MEC y los aranceles. Sin embargo, México ha sido el país que ha sacado la mejor parte de toda esa trama.
En estos años, México ha hecho ajustes importantes. Se ha determinado a subir el salario de la clase trabajadora como factor central, se ha sacado a más de 15 millones de personas de la pobreza y existe una determinación de impulsar el desarrollo nacional a partir de la autosuficiencia energética y alimentaria, así como de proyectos de infraestructura de gran nivel.
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene la visión de que, a partir de este, su segundo año de gobierno, se puedan consolidar otras estrategias, como la de sustituir importaciones con el Plan México, hacer del país una potencia en innovación tecnológica e incorporar actividades que pueden resultar muy productivas, como la producción de chips semiconductores o el desarrollo de una industria propia de electromovilidad.
También el turismo ha crecido y consolidado al país como uno de los destinos más importantes del mundo. Sin duda, lugares como la propia Ciudad de México, las playas y muchos otros destinos tienden a consolidarse, al grado de que ya muchos hablan de venir a México a vivir el “sueño mexicano”.
Estas apuestas han llamado la atención alrededor del mundo y, aunque en México los medios alineados con la oposición suelen caer en la negación, la realidad es que el camino que sigue nuestro país ya llena páginas en publicaciones alrededor del mundo. Nuestro México se ubica en un momento especial de convergencia, en donde puede convertirse en la potencia emergente del presente y del futuro.
Hay detalles importantes que luego tienden a pasar desapercibidos, pero la estabilidad a ultranza de nuestra moneda, que ayer cerró en 17 pesos con 13 centavos por dólar, es un indicador claro, como lo es también la inflación, que se ubicó en 3.12% al cierre de julio.
Y hay que decirlo: preparar a un país enorme como México, con 130 millones de habitantes, para dar un nuevo salto al frente, crecer y consolidarse es algo que toma mucho más esfuerzo del aparente.
Creo, sin duda, que el tesón y la disciplina de quien lidera todos esos esfuerzos están por dar resultados.
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