Opinión

La banca gana, pero el riesgo también crece

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Staff Domo de Cristal
10 de agosto de 2026, 4:39 am
Tiempo 9 min
La banca gana, pero el riesgo también crece

Menores márgenes, nuevos competidores y una economía que obliga a volver a cuidar el crédito. Los bancos mexicanos siguen ganando mucho dinero, pero eso no significa que el entorno siga siendo cómodo.

Durante el primer semestre de 2026, las instituciones de banca múltiple obtuvieron utilidades por 149 mil 120 millones de pesos, una cifra considerable, aunque representa una disminución real de 5.4% respecto del mismo periodo de 2025.

Más interesante que la utilidad es observar qué ocurre debajo de ella.

Los ingresos por intereses disminuyeron 9% real anual, hasta 863 mil 615 millones de pesos, mientras que las estimaciones preventivas para riesgos crediticios aumentaron 21%, hasta 124 mil 188 millones de pesos.

El sistema continúa siendo rentable y sólido, pero los propios bancos están destinando considerablemente más recursos a cubrir posibles incumplimientos.

Es una señal que no debe ignorarse.

Los grandes siguen sólidos, pero los márgenes cambian

Los cinco mayores bancos concentran alrededor de 85% de las utilidades del sistema. BBVA México ganó 48 mil 227 millones de pesos durante el semestre; Banorte, 24 mil 769 millones; Santander, 18 mil 436 millones; Banamex, 11 mil 194 millones, y Scotiabank, 6 mil 749 millones.

Los resultados individuales son distintos, pero existe un dato común: todos registraron menores ingresos por intereses.

Parte de la explicación está en el ciclo de tasas.

Banxico ha llevado su tasa de referencia a 6.50%, muy lejos del 11.25% alcanzado anteriormente. Los extraordinarios márgenes financieros de los años de tasas elevadas comienzan a normalizarse.

Pero existe otro elemento:

la competencia está aumentando.

Todos quieren al consumidor

Nu, Plata y otros participantes digitales están modificando el mercado.

Millones de consumidores.
Tarjetas.
Préstamos personales.
Crédito digital.
Procesos automatizados.
Menores costos operativos.
Modelos de riesgo alimentados por enormes cantidades de información.

El problema es que buena parte de los nuevos participantes persigue esencialmente el mismo territorio: el crédito al consumo.

La competencia es positiva cuando reduce precios, mejora servicios y obliga a innovar.

Pero tiene un límite.

Cuando demasiadas instituciones persiguen al mismo cliente, aparece la tentación de relajar los criterios de originación para mantener tasas extraordinarias de crecimiento.

Y entonces reaparece una vieja palabra bancaria:

riesgo.

No existe actualmente evidencia de una crisis generalizada de cartera bancaria. Banxico continúa considerando sólido al sistema financiero.

Pero el crecimiento de 21% en las reservas preventivas muestra que las propias instituciones tampoco están ignorando un posible deterioro.

El consumidor depende del empleo

Ningún modelo de inteligencia artificial modifica una realidad elemental:

un crédito se paga con ingreso.

Y el ingreso depende del empleo y de la actividad económica.

México mantiene una informalidad laboral cercana al 55% de la población ocupada.

Al cierre de mayo existían aproximadamente 22.7 millones de puestos registrados ante el IMSS, pero durante ese mes se perdieron cerca de 30 mil respecto de abril.

Las expectativas de crecimiento para 2026 permanecen alrededor de 1%.

Con una economía creciendo tan poco, elevada informalidad y menor dinamismo del empleo formal, resulta difícil pensar que el crédito al consumo pueda expandirse indefinidamente sin aumentar, al mismo tiempo, su nivel de riesgo.

El comercio también manda señales

Las tiendas de autoservicio —Walmart, La Comer, Soriana, Chedraui y HEB— ya entendieron el mensaje.

Otro termómetro interesante está en las cadenas comerciales. Las ventas nominales de ANTAD a tiendas iguales disminuyeron 1.6% anual durante junio.

Es un dato nominal. Descontando la inflación, la lectura resulta todavía menos favorable.

Los grandes grupos comerciales están respondiendo como corresponde cuando el crecimiento deja de ayudar:

Reducen costos.
Optimizan inventarios.
Mejoran logística.
Incorporan tecnología.
Automatizan.
Revisan estructuras.

Si las grandes cadenas de autoservicio están haciendo ese esfuerzo, ¿por qué habría de comportarse de manera diferente el sector financiero?

Las SOFOMES deben cuidar el territorio

Aquí existe una lección especialmente importante para las SOFOMES.

No pueden competir contra los grandes bancos únicamente bajando tasas.

Tampoco pueden competir con las fintech intentando colocar indiscriminadamente.

Y mucho menos deben crecer simplemente para presumir cartera.

Su principal ventaja sigue siendo otra:

conocer el territorio.

Una SOFOM regional debe saber quién produce, quién distribuye, quién exporta, quién tiene activos, quién genera flujo y quién paga.

También debe conocer a los personajes que periódicamente recorren diferentes instituciones presentándose como empresarios impecables y dejando quebrantos detrás.

Los lobos vestidos de oveja no desaparecieron con la digitalización.

Ahora también utilizan tecnología.

Inteligencia artificial sí; criterio también

La inteligencia artificial representa una extraordinaria oportunidad para las SOFOMES.

Puede analizar estados financieros, revisar historiales crediticios, cruzar información, detectar inconsistencias, automatizar procesos de prevención de lavado de dinero, monitorear cartera y generar alertas tempranas de deterioro.

Una institución relativamente pequeña podrá disponer de capacidades analíticas que anteriormente estaban reservadas para los grandes bancos.

Pero existe una diferencia fundamental entre procesar información y saber prestar.

El crédito empresarial exige analizar:

  • flujo;
  • capacidad de pago;
  • experiencia;
  • mercado;
  • sector;
  • garantías;
  • y posibilidad real de recuperación.

Porque otorgar crédito es relativamente sencillo.

Cobrarlo cuando las cosas salen mal es donde comienza la verdadera prueba.

El Poder Judicial también determina la tasa

Este punto sigue siendo insuficientemente comprendido fuera del sector financiero.

La calidad del Poder Judicial forma parte del costo del crédito.

Una garantía vale no solamente por el precio del inmueble, la maquinaria o el activo que la respalda.

Vale también por la posibilidad y el tiempo necesarios para ejecutarla.

Si recuperar judicialmente un inmueble tarda cuatro, cinco o más años, esa garantía financieramente vale menos.

Si después de una sentencia siguen incidentes, apelaciones, amparos y obstáculos para ejecutar, el intermediario incorpora ese costo desde el momento en que origina el crédito.

Pero existe otro riesgo patrimonial que México debe comenzar a analizar seriamente:

el despojo y la invasión de inmuebles.

El propio Código Penal Federal tipifica el despojo cuando alguien ocupa un inmueble ajeno mediante violencia, clandestinidad, amenaza o engaño, y contempla específicamente el supuesto de invasiones colectivas.

El Congreso incluso ha discutido recientemente aumentar considerablemente las penas por este delito.

El problema, nuevamente, no se resuelve solamente aumentando penas.

Se resuelve haciendo efectiva la ley.

Las grandes zonas metropolitanas también necesitan seguridad patrimonial

México debería comenzar a medir sistemáticamente el fenómeno del despojo, la ocupación irregular y la invasión de propiedades en sus principales zonas metropolitanas.

Para un banco, una SOFOM o cualquier acreedor existe una diferencia enorme entre tener una hipoteca jurídicamente registrada y poder tomar posesión efectiva del inmueble cuando el acreditado incumple.

Si durante el proceso el inmueble es invadido, ocupado irregularmente, deteriorado o sujeto a conflictos posesorios, el valor de recuperación disminuye.

Eso afecta directamente:

  • la severidad de pérdida;
  • el valor de la garantía;
  • las reservas;
  • el precio del crédito;
  • y, finalmente, la decisión de prestar.

Por eso, el problema del despojo no es solamente penal ni social.

También es financiero.

La propiedad privada necesita algo más que una escritura

Una economía moderna necesita registros públicos confiables.

Catastros actualizados.

Tribunales eficientes.

Ministerios públicos capaces.

Policías que ejecuten órdenes.

Y autoridades locales que protejan efectivamente la posesión legítima.

La propiedad privada no está verdaderamente protegida únicamente porque exista una escritura.

Está protegida cuando el Estado tiene capacidad institucional para hacer respetar ese derecho.

Para los grandes inversionistas nacionales y extranjeros, esto forma parte del análisis del Estado de derecho.

Para una SOFOM puede representar la diferencia entre recuperar 80% de un crédito o perder prácticamente toda la operación.

Y para una PyME puede significar obtener financiamiento o recibir una negativa.

El Poder Judicial tiene mucho que demostrar

México realizó una transformación profunda de su Poder Judicial.

Pero para el sistema financiero la evaluación será mucho más sencilla que el debate político.

¿Cuánto tarda un juicio mercantil?

¿Cuánto tarda una ejecución?

¿Cuánto cuesta recuperar una garantía?

¿Cuántos recursos procesales son necesarios?

¿Cuánto tarda en recuperarse físicamente un inmueble?

¿Cómo responde el sistema ante una invasión o un despojo?

Esos son indicadores que bancos, fondos y calificadoras pueden convertir en dinero.

La independencia judicial también importa.

Por eso, la credibilidad judicial tiene impacto económico dentro y fuera del país.

Una cartera mal originada puede consumir años de utilidades.

Una garantía defectuosa puede convertirse en un litigio interminable.

Una propiedad invadida puede destruir el valor esperado de recuperación.

Y una expansión geográfica acelerada puede eliminar justamente la ventaja competitiva que tenía la institución:

conocer su mercado.

Crecer menos puede significar ganar más

Durante muchos años, el sector financiero celebró el crecimiento de doble dígito.

Más cartera.
Más clientes.
Más regiones.
Más sucursales.

Pero existen ciclos en los que crecer menos es una decisión empresarial inteligente.

El sistema financiero mexicano sigue sólido.

Los 149 mil millones de pesos de utilidades semestrales lo confirman.

Pero las utilidades no deben ocultar las señales:

  • menores ingresos por intereses;
  • reservas preventivas creciendo 21%;
  • mayor competencia;
  • nuevos participantes concentrándose en consumo;
  • una economía creciendo alrededor de 1%;
  • informalidad laboral cercana al 55%;
  • comercio detallista mostrando debilidad;
  • y un sistema judicial cuya capacidad para proteger contratos, garantías y propiedad privada todavía necesita demostrar resultados.

La banca todavía gana. La pregunta es cuánto costará mantener ese crecimiento cuando el riesgo comience a cobrar factura.

Por: Mario Sandoval

CEO FISAN SOFOM ENR

Banquero y abogado especializado en recuperación de activos financieros, con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.

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