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México y Perú descongelan su relación diplomática tras meses de tensión

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Staff Domo de Cristal
7 de agosto de 2026, 2:05 pm
Tiempo 4 min
México y Perú descongelan su relación diplomática tras meses de tensión

Ciudad de México, 7 de agosto de 2026.— México y Perú dieron un giro a la confrontación diplomática que marcó su relación bilateral durante los últimos meses y acordaron restablecer formalmente sus vínculos, en una señal de distensión que devuelve a ambos gobiernos al terreno del diálogo institucional.

El acuerdo, anunciado este viernes, coloca nuevamente al derecho internacional como marco de referencia para la relación entre las dos naciones y recupera una agenda basada en los históricos vínculos de amistad, cooperación y cercanía que han caracterizado sus relaciones.

En un comunicado conjunto, los gobiernos de México y Perú destacaron precisamente esos lazos y reafirmaron su compromiso con los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas. El mensaje diplomático apunta a una intención compartida de dejar atrás la etapa de desencuentros y reconstruir canales formales de comunicación.

La decisión ocurre en un nuevo escenario político peruano, marcado por la llegada de Keiko Fujimori a la Presidencia, y coincide con una salida que contribuye a reducir uno de los principales focos de tensión entre ambos países: el caso de Betssy Chávez, exjefa del Consejo de Ministros de Perú, quien permanecía bajo protección diplomática en la Embajada de México.

El canciller peruano, Carlos Espá, confirmó que Chávez recibió el salvoconducto correspondiente y abandonó territorio peruano alrededor de la medianoche. Según sus declaraciones, la exfuncionaria se encontraba en buenas condiciones de salud.

Un conflicto que comenzó por el asilo a Chávez

La ruptura diplomática tuvo como detonante la decisión mexicana de conceder asilo diplomático a Chávez. El gobierno peruano anunció el 3 de noviembre de 2025 la suspensión de relaciones con México, al considerar que la protección concedida a la exfuncionaria constituía una injerencia en sus asuntos internos.

México sostuvo una interpretación radicalmente distinta.

La administración mexicana argumentó que la solicitud de Chávez se encontraba vinculada con una presunta persecución política y violaciones a sus derechos humanos, y defendió su facultad para determinar la procedencia del asilo conforme al marco jurídico internacional.

El gobierno mexicano respaldó su decisión en el artículo 11 de la Constitución, en la legislación nacional sobre refugiados y asilo político y, particularmente, en la Convención sobre Asilo Diplomático de 1954, conocida como Convención de Caracas, instrumento del que México y Perú forman parte.

Desde la perspectiva mexicana, la determinación de conceder protección diplomática correspondía al Estado asilante y no podía interpretarse, por sí misma, como un acto hostil contra Perú.

La diplomacia por encima del desencuentro

El restablecimiento de relaciones representa algo más que la reapertura de canales diplomáticos. También constituye un reconocimiento práctico de que las diferencias entre gobiernos pueden ser administradas mediante mecanismos institucionales sin convertirlas necesariamente en rupturas permanentes.

El punto central ahora será determinar si el acuerdo permite construir una relación bilateral menos condicionada por los episodios políticos internos de cada país. Para México, el desafío consistirá en preservar su tradicional política de asilo y defensa del derecho internacional; para Perú, en recuperar una relación estratégica con un país latinoamericano con el que comparte intereses económicos, culturales y regionales.

La concesión del salvoconducto a Chávez puede leerse, en ese contexto, como una pieza clave para destrabar el conflicto. Su salida elimina uno de los principales elementos que habían convertido la protección otorgada por México en un asunto de confrontación bilateral.

La nueva etapa, sin embargo, no borra las diferencias que provocaron la crisis. El verdadero alcance del acuerdo se medirá en los próximos meses, cuando ambos gobiernos tengan que transformar la declaración política de buena voluntad en cooperación efectiva.

Por ahora, México y Perú optan por la distensión y recuperan la vía diplomática. En una región donde los cambios políticos suelen tensionar las relaciones entre gobiernos, el restablecimiento de vínculos abre la posibilidad de que el diálogo vuelva a ocupar el lugar que perdió durante la disputa por el asilo de Betssy Chávez.

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