OAXACA.— La recuperación del maíz nativo dejó de ser solamente una reivindicación cultural para convertirse en una de las apuestas del gobierno de Claudia Sheinbaum para fortalecer al campo mexicano desde las comunidades. En Oaxaca, la presidenta puso en marcha una nueva etapa de apoyos que busca que los productores recuperen capacidad productiva y reduzcan su dependencia de semillas comerciales.
Durante una gira por Suchilquitongo, Sheinbaum entregó recursos del programa “El maíz es la raíz”, una estrategia que parte de una premisa: el maíz no es únicamente un cultivo, sino uno de los principales símbolos de la identidad y la historia agrícola de México, con una tradición de cultivo que se remonta a miles de años.
El diagnóstico oficial apunta también a una contradicción: mientras el país conserva una enorme diversidad de maíces originarios, buena parte de los productores depende de semillas híbridas comercializadas por grandes empresas. Frente a ello, la administración federal pretende impulsar la conservación y recuperación de variedades nativas, al tiempo que fortalece las condiciones materiales de quienes las cultivan.
El componente más relevante del programa es la Milpateca, esquema diseñado para promover el uso colectivo de maquinaria y herramientas agrícolas. La lógica es sencilla: pequeños productores, que difícilmente podrían adquirir por separado equipo para trabajar sus parcelas, podrán acceder a maquinaria compartida y administrada por la propia comunidad.
“Las Milpatecas tienen el objetivo de que entre varios campesinos compren maquinaria ligera y la van a guardar entre todos”, explicó Sheinbaum, al señalar que el modelo busca aprovechar de manera comunitaria los recursos disponibles, particularmente en zonas donde predominan parcelas pequeñas.
Recursos según el número de productores
El esquema contempla apoyos diferenciados de acuerdo con la cantidad de campesinos que integren cada grupo. Las comunidades con entre 30 y 100 productores podrán recibir hasta 190 mil pesos, mientras que aquellas conformadas por 10 a 29 productores tendrán acceso a 135 mil pesos.
Flavio Aragón Cuevas, coordinador de “El maíz es la raíz”, explicó que la intención es ampliar gradualmente la cobertura para que los productores puedan acceder a las Milpatecas y utilizar el equipamiento bajo un modelo de cooperación.
La estrategia no operará de manera aislada. El programa será articulado con Producción para el Bienestar, Sembrando Vida y el esquema de fertilizantes gratuitos, con lo que el gobierno federal busca construir una red de apoyos que atienda no sólo la producción, sino también las condiciones que determinan la permanencia de las comunidades campesinas.
Del apoyo económico a una política de largo plazo
El alcance político de la iniciativa también aparece en otro frente. El gobierno federal anunció que buscará incorporar a la Constitución el Fondo de Infraestructura Social de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, con la intención de que los recursos destinados a estas comunidades tengan una garantía legal y no dependan únicamente de decisiones presupuestales de cada administración.
Así, la apuesta por el maíz nativo se perfila como una política que combina soberanía alimentaria, conservación de semillas, organización comunitaria y derechos de los pueblos originarios.
El desafío, sin embargo, estará en convertir los apoyos iniciales en una política agrícola sostenible. Recuperar el maíz nativo implica mucho más que preservar semillas: requiere garantizar que los pequeños productores puedan sembrarlas, comercializarlas y vivir dignamente de ellas.
En ese terreno se medirá el verdadero alcance de “El maíz es la raíz”: no sólo por el número de apoyos entregados, sino por su capacidad para devolverle al campesino el control sobre una de las semillas que durante siglos ha definido la alimentación y la identidad de México.