Opinión

Revisión del T-MEC inicia entre presiones de EU, incertidumbre y expectativa de continuidad

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Staff Domo de Cristal
1 de julio de 2026, 4:44 am
Tiempo 4 min
Revisión del T-MEC inicia entre presiones de EU, incertidumbre y expectativa de continuidad

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Por: Eduardo Esquivel Ancona

La primera revisión conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) comenzó formalmente este 1 de julio de 2026, conforme a lo establecido en el artículo 34.7 del acuerdo comercial. El proceso será determinante para definir si el tratado se extiende automáticamente por un nuevo periodo de 16 años o si queda sujeto a revisiones periódicas.

La evaluación llega en un contexto marcado por tensiones comerciales, posturas proteccionistas de Estados Unidos y preocupaciones sobre el impacto que la incertidumbre podría tener en la inversión y el fenómeno del nearshoring en México.

Uno de los principales focos de atención es la posición de Washington, que ha mostrado reservas respecto a una prórroga automática del acuerdo. De concretarse esta postura, el T-MEC podría entrar en una etapa de revisiones anuales hasta 2036, escenario que genera cautela entre inversionistas y empresas con proyectos de largo plazo en América del Norte.

Al cumplirse seis años de la entrada en vigor del tratado, los tres países deben analizar su funcionamiento, acordar eventuales modificaciones y manifestar por escrito, a través de sus respectivos jefes de gobierno, su intención de extenderlo por otros 16 años.

En caso de que alguno de los socios no emita dicha confirmación, el mecanismo contempla revisiones anuales durante un periodo máximo de diez años. Si al término de ese plazo no existe consenso, el acuerdo comercial dejaría de tener vigencia.

Dentro de las negociaciones, Estados Unidos busca endurecer las reglas de origen para impedir que México sea utilizado como plataforma de exportación de mercancías asiáticas, particularmente chinas, hacia el mercado norteamericano.

Entre las propuestas impulsadas por Washington se encuentra elevar el contenido regional de los vehículos hasta 82% y establecer que al menos la mitad de su valor de fabricación provenga de componentes producidos específicamente en territorio estadounidense. Además, la administración estadounidense ha planteado revisar estándares laborales y mantener medidas arancelarias en diversos sectores.

El creciente déficit comercial de Estados Unidos ha fortalecido las demandas para modificar las reglas de origen, especialmente en la industria automotriz, considerada estratégica para la economía de ese país.

Frente a este panorama, el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Economía, ha realizado consultas con representantes de distintos sectores productivos para construir una posición nacional que permita preservar la integración económica regional y evitar una eventual fragmentación del acuerdo.

Diversos analistas anticipan que la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, anunciará que no respaldará una extensión automática del T-MEC, decisión que activaría formalmente el mecanismo de revisión contemplado en la denominada “cláusula de extinción” incorporada durante su primer mandato.

No obstante, especialistas consideran que esta determinación tendría un efecto limitado en el corto plazo, ya que las negociaciones seguirían abiertas mientras los tres países buscan consensos sobre las modificaciones planteadas.

La revisión de 2026 ha adquirido características propias de una renegociación profunda, especialmente después de que Estados Unidos recurriera a la imposición de aranceles a diversos socios comerciales. En este contexto, México ha mantenido una agenda activa de diálogo con Washington para garantizar la continuidad del acuerdo, mientras que Canadá ha adoptado una posición más discreta en las conversaciones bilaterales.

Aunque existe la posibilidad de que Estados Unidos impulse una estrategia basada en acuerdos bilaterales con México y Canadá por separado, diversos expertos consideran que la probabilidad de desmantelar el esquema trilateral sigue siendo baja. Sin embargo, una negociación bilateral permitiría a Washington obtener condiciones más favorables con cada socio y reducir la complejidad que implica negociar dentro de un marco regional.

Para la administración Trump, avanzar hacia acuerdos individuales también ofrecería la posibilidad de reforzar su control sobre la política comercial de América del Norte, atender demandas de sectores empresariales estadounidenses y construir una narrativa política centrada en la renegociación de los términos comerciales bajo su liderazgo.

Entre los escenarios que se analizan para el futuro del T-MEC, los menos probables son tanto la cancelación definitiva del acuerdo como una extensión inmediata por otros 16 años. El escenario que actualmente se percibe como más viable es el de revisiones periódicas durante los próximos años, al menos hasta 2028, mientras continúan las negociaciones sobre el futuro de la integración económica de la región.

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