
Por Jorge Ramón Rizzo*
A medida que marzo de 2026 avanza, las principales zonas urbanas de México enfrentan una de las pruebas de resiliencia más severas de los últimos años. Tras un 2025 de lluvias intensas que ofrecieron un respiro temporal, el fenómeno de «La Niña» ha retornado, trayendo consigo un déficit de precipitaciones que ya afecta al 41.8% del territorio nacional.
El inicio de 2026 presenta una paradoja hídrica. Si bien el Sistema Cutzamala comenzó el año con niveles de almacenamiento superiores al 90%, que representa una cifra récord no vista en décadas tras las lluvias de 2025, las extracciones para consumo y riego ya han empezado a mermar estas reservas.
Para mediados de marzo, el sistema operaba al 81.7%, una posición favorable comparada con años anteriores, pero vulnerable ante una temporada de estiaje que se prevé extrema.
El estrés hídrico no es uniforme, pero golpea con fuerza a los motores económicos del país. Actualmente, ciudades como Monterrey, Mexicali, Tijuana, Aguascalientes, Saltillo, San Luis Potosí y Querétaro enfrentan niveles críticos de escasez. En la Ciudad de México, el problema trasciende el llenado de las presas por sobreexplotación, desigualdad en ciertas zonas y fugas en otras.
La problemática de la CDMX, de cuerdo con especialistas consultados por Focus Group, tiene que ver con la extracción de 55 m³/s de los acuíferos, mientras que solo se recargan 25 m³/s. Agregando que en alcaldías como Iztapalapa, Tlalpan y Xochimilco se sufren los efectos más agudos debido al tandeo y la falta de infraestructura y redes eficientes. Mientras que cerca del 46% del agua potable en las alcaldías se pierde por infraestructuras obsoletas antes de llegar a los hogares capitalinos.
La crisis actual no es solo climática; es una «tormenta perfecta» de factores antropogénicos y naturales, que van desde el Cambio Climático, hasta la Gestión Obsoleta, pasando por la urbanización acelerada sin planificación hídrica.
Y es que, el Cambio Climático ha alterado los patrones de lluvia, haciendo que las precipitaciones sean impredecibles y las olas de calor más intensas. Las ciudades crecen más rápido que su capacidad para gestionar el agua residual o captar agua de lluvia. Y gran parte del tratamiento de aguas en México sigue utilizando métodos que no separan adecuadamente los drenajes pluviales de los residuales.
Este fin de semana leí aportaciones de expertos de instituciones como la UNAM y el IMCO, quienes advierten que el «Día Cero» no es una fecha lejana, sino una realidad cotidiana para al menos 12 millones de mexicanos que ya carecen de acceso regular al agua.
Xalapa, capital del estado de Veracruz y cuyo nombre proviene del significado en Náhuatl «Manantial en la Arena», es en los últimos años prueba clara de la mala o nula praxis de programas y acciones, que vive una cotidiana escases del vital líquido.
Y, con particularidades propias también deben exhibirse problemas en abasto de agua en ciudades de Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Puebla, Tlaxcala y el Estado de México.
La solución requiere ir más allá de esperar la próxima temporada de lluvias; implica una inversión masiva en infraestructura de recarga de acuíferos, reparación de fugas y la adopción de tecnologías de almacenamiento eficiente en hogares e industrias.
La temporada de sequía de 2026 es un recordatorio de que el agua, aunque renovable, es un recurso finito cuya abundancia hoy no garantiza la seguridad de mañana y la crisis climática coloca la más alta evidencia de otra crisis, la crisis administrativa existente en los municipios en materia de abastecimiento de agua potable, drenaje y saneamiento.
*Periodista/Tlaxcala
Domo de Cristal
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