
Sonora Power por Demian Duarte
La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, cumplió lo que prometió: presentar una propuesta de reforma político-electoral que pone al ciudadano en el centro de la toma de decisiones y que, además, desplaza a los partidos políticos como epicentro del debate público.
La realidad es que la iniciativa, entregada ayer miércoles a la Cámara de Diputados, es un documento muy completo, con determinaciones puntuales para cambiar las reglas del juego en ese obsceno reparto de posiciones en el que han incurrido los partidos políticos, incluido —claro está— Morena. También pretende poner un alto al enloquecido gasto destinado a justificar una democracia que se basa en la lógica de crear numerosos institutos “ciudadanizados” como eje, pero que en realidad se convirtieron en una carga: una especie de Gran Hermano que todo lo ve y en una burocracia dorada.
Asimismo, la propuesta toca a los propios partidos políticos al plantear la reducción del 25% de sus prerrogativas.
Hay muchas consideraciones que poco a poco podremos revisar dentro del conjunto de propuestas de reforma a la Constitución y a la ley electoral. Lo que destaca es que plantea cambios de fondo para avanzar hacia una visión de democracia sustancial, que parte de la dinámica de darle poder al pueblo y de terminar con los grupos de privilegio.
El detalle es que, al día de hoy, el debate sobre la reforma político-electoral parece perdido. No se ve cómo los partidos rémora de Morena —en este caso el PT y el PVEM— vayan a votarla a favor. Mucho menos los otros partidos con representación en el Congreso de la Unión. Y se entiende: sería como darse un balazo en el pie.
La presidenta lo sabe y por eso decidió radicalizar su postura. Decir que los ciudadanos, al final del día, premiarán o castigarán a quienes la aprueben o la rechacen es un principio político muy poderoso.
Insinuar que, en todo caso, Morena decidirá —a partir del resultado de este debate— si continúa o no en alianza con el PT y el PVEM resulta, por decir lo menos, un planteamiento disruptivo.
La presidenta sabe de lo que habla y no es una persona que tienda a titubear. El trasfondo de este debate con los supuestos aliados es que ellos asumieron el llamado “Plan C”, que partía de construir una mayoría calificada en la Cámara de Diputados y en el Senado, como un proyecto propio. Incluso hicieron campaña llamando a la gente a votar por ese planteamiento.
La idea de tener una mayoría calificada era emprender una serie de reformas a la Constitución que terminaran por transformar al país: primero, consolidándolo como un país de derechos sociales y laborales; y posteriormente, como una democracia en la que el ciudadano tenga derechos plenos.
Eso no les gusta a las cúpulas partidistas, y por eso lo rechazan. Tampoco les agrada perder privilegios: el manejo amplio del dinero público que reciben o la posibilidad de repartir posiciones entre ellos mismos y sus círculos cercanos.
De hecho, en buena medida el llanto y berrinche de la oposición en estos años se explica por ello. Su alegato de que Morena y la 4T destruyen a México parte de la lógica de que se ha demolido el sistema de privilegios que ellos tardaron 30 años en construir.
Entonces es de esperar una votación cerrada, pero insuficiente. Morena sumará perfiles incluso del PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano, el PVEM y el PT que no querrán cargar con el escarnio público. Pero la partidocracia prevalecerá: protegerán sus privilegios, sin entender que en el pecado llevan la penitencia.
Ya hemos dicho aquí que, en realidad, todo esto es una estrategia para purificar a Morena y a la 4T, deshacerse del lastre y tener un argumento para ir solos a la elección legislativa de 2027, en la que se renovará la Cámara de Diputados y se elegirán 17 gobernadores.
La presidenta dijo ayer que, si su propuesta no se aprueba ahora, ahí quedará el texto y la iniciativa en espera de un mejor momento político. Ese momento podría llegar en la siguiente legislatura —la 67—, en la que Claudia Sheinbaum buscará construir una mayoría calificada que resulte favorable a su visión y a su pensamiento.
La reflexión final es que hay desprecios que se agradecen.
¿Quién necesita, al final de cuentas, de la partidocracia?
Correspondencia a demiandu1@me.com | En X @Demiandu
Domo de Cristal
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