
El 30 de noviembre de 2018, último día del aciago régimen neoliberal mexicano que duró 36 años, el tipo de cambio era de $ 20.34 pesos por dólar y las reservas internacionales del Banco de México (Banxico) ascendían a $ 173,775 millones de dólares (MDD). Siete años y dos meses después, el 30 de enero de 2026, dentro del segundo período presidencial del régimen de la Cuarta Transformación (4T), la paridad cambiaria disminuyó a $ 17.33, lo cual significa una apreciación de la moneda nacional respecto del dólar estadounidense del 14.80% en dicho período, mientras que las reservas crecieron un 46.73% siendo ahora de $ 254,983 MDD.
En este contexto de estabilidad cambiaria y financiera, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer recientemente el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) de 2025 que fue de 3.69%, lo que representa un importante descenso del crecimiento de los precios respecto de 2024 cuya tasa fue de 4.21%. Este notable decremento en el ritmo inflacionario de más de medio punto porcentual responde al objetivo prioritario del banco central que es el de “mantener una inflación baja y estable”, ciertamente todavía por encima de la meta puntual de 3%, pero ya nuevamente dentro del rango objetivo de 3% más o menos un punto porcentual, es decir, entre 2% y 4%.
No obstante el descenso en el ritmo inflacionario, en días recientes el Director para América Latina de Moody’s Analytics, Alfredo Coutiño, afirmó que “Banxico ha perdido credibilidad” en los dos últimos años debido al “retiro prematuro” de la restricción monetaria que significó un “ajuste incompleto”, es decir, hubo, según él, un “relajamiento anticipado” que no eliminó las presiones de demanda generadas por el exceso de liquidez, impidiendo la convergencia de la inflación subyacente hacia la meta puntual de 3% y que se requiere dar un “golpe de timón” para cambiar esta situación.
Análogamente, Carlos Capistrán de Bank of America manifestó que “lo importante es alcanzar la meta puntual de 3% y no quedarse dentro del intervalo superior de 3% a 4% del rango objetivo”, mientras que Ernesto Revilla de Citigroup dijo que “los pronósticos del banco central ya no tienen mucho poder predictivo”. Hasta aquí las contundentes declaraciones de estos tres “analistas críticos” (“AC”).
Dentro de Banxico también se cuecen habas, uno de sus cuatro subgobernadores, Jonathan Heath, ha afirmado recurrentemente que la institución enfrenta una “crisis de credibilidad” en sus pronósticos por la forma en que se ha manejado la política monetaria. Siempre ha de reconocerse no sólo la franqueza del funcionario, sino también su derecho a disentir en las votaciones que lleva a cabo un órgano colegiado como lo es la Junta de Gobierno. Se esté de acuerdo con él o no, sus puntos de vista enriquecen el debate y el análisis, lo que fortalece la autonomía de la institución.

Para poder apreciar de manera objetiva el papel desempeñado hasta ahora por Banxico y contrastarlo con las afirmaciones negativas de los “AC” es necesario analizar al menos tres materias fundamentales de su operación institucional: la política monetaria, los pronósticos emitidos y los resultados obtenidos. Empecemos por estos últimos.
Durante los primeros 25 años de este siglo, México ha tenido anualmente tasas inflacionarias de un solo dígito, después de haber registrado tasas anuales promedio muy altas, de 86.71% con De la Madrid, 15.90% con Salinas y de 22.55% con Zedillo. Pero solamente en 2 años se ha podido cumplir cabalmente la meta puntual de 3% o menos: 2.13% en 2015 con Peña y 2.83% en 2019 con AMLO, aunque en 2020 se estuvo muy cerca de repetir la hazaña pues la tasa fue de 3.15%, como se ve en el siguiente cuadro:

Fuente: Elaborado con cifras del Banco de México
Si la credibilidad de un banco central depende de sus resultados precisos respecto de sus metas puntuales, como así lo sugieren los mencionados “AC”, entonces podría afirmarse que, salvo 2015 y 2019, Banxico ha “perdido” credibilidad en 23 de los últimos 25 años, o para ser justos, en 21 de 23, ya que la meta permanente de 3% se estableció a partir de 2003. Sin embargo, no se recuerda que algún analista internacional haya afirmado en ese período, de manera contundente como ahora, que el Banco de México hubiera perdido credibilidad. ¿Por qué ahora sí y antes no? Sobre todo, si se considera que tampoco se ha cumplido cabalmente el rango objetivo de 2% a 4%, pues en 11 de 23 años -la mitad del período- se estuvo por encima del mismo.
No obstante, los “AC” se refieren especialmente al componente subyacente de la inflación, aquél que excluye los precios más volátiles de la economía como son los de alimentos no procesados y energéticos. En este caso, se cumple la meta puntual solamente en 3 años: 2.90% en 2012, 2.78% en 2013 y 2.41% en 2015, es decir, el número de aciertos en materia de resultados respecto de la inflación subyacente es similar al del INPC en torno a la meta puntual de 3%, que es la que realmente interesa a los “AC” como se ha visto, pues sólo aumentó en un año más la convergencia, 3 años en vez de 2.
En relación al rango objetivo de 2% a 4%, la situación mejora aumentando en cinco años más la convergencia, 16 años en vez de 11, correspondiendo tres de esos cinco años a la 4T: 3.59% en 2019, 3.80% en 2020 y 3.65% en 2024, pero esto también es un resultado insuficiente de acuerdo con el punto de vista de los “AC” que sólo aprueban la convergencia hacia la meta puntual de 3% o menos.
Ahondando en el análisis de la inflación subyacente puede verse que, en 16 años, de 2003 a 2018, se estuvo dentro del rango objetivo en 13 años, con lo que podría afirmarse que durante este período del régimen neoliberal hubo una mayor convergencia y control inflacionario, pero esto no es así, ya que solamente en 8 años de estos 13 la inflación general se mantuvo igualmente dentro del rango, o sea, la mitad del período, 8 de 16 años. Los 5 años restantes reflejaron inflación alta a pesar de que el componente subyacente se encontraba dentro del rango. Esto se explica por el nivel más alto de la inflación NO subyacente en esos años, cuya mayor volatilidad de ninguna manera supone que para el banco central deje de ser importante su control, al contrario. Es un mito pues, suponer que teniendo controlada la inflación subyacente se obtendrá consecuentemente una inflación general igualmente baja. Nada más falso.
En resumen, con base en el análisis anterior pueden observarse tres cosas: 1) La no convergencia entre metas y resultados es estructural, pues está presente en casi todos los años, lo que lleva a una “falta” de credibilidad en vez de una “pérdida” de la misma, 2) Se observa una “normalidad” que se ubica por encima de 4%, es decir, fuera de rango, alejado del 3% deseable y mucho más lejos todavía del 2% idóneo, y 3) Una inflación subyacente baja no siempre se traduce en una inflación general igualmente baja, por lo que nunca debe desdeñarse el componente NO subyacente.
Este ha sido el verdadero control inflacionario mexicano en los últimos 25 años, evidentemente no es óptimo, pero puede ser más eficiente hacia adelante; sin embargo, lo que no puede afirmarse es que ahora se perdió algo que antes no se tenía o muy pocas veces se tuvo: la credibilidad entendida como la convergencia de metas y resultados.
Revisemos ahora la política monetaria aplicada por Banxico que ha sido restrictiva desde mediados de 2021 a la fecha, es decir, durante 4 años siete meses, y compuesta por dos períodos de ajuste claramente diferenciados: 1) Un ciclo alcista del 25 de junio de 2021 al 21 de marzo de 2024 donde la tasa aumentó gradualmente de 4% a 11.25%, siendo esta última la más alta desde 2003, con el objetivo de reducir la inflación provocada por la pandemia de 2020, y 2) Un ciclo bajista desde el 22 de marzo de 2024 alcanzándose una tasa de 7% a partir del 19 de diciembre de 2025, con el propósito de ajustarse convenientemente al menor nivel inflacionario, al entorno económico nacional deprimido y a la inestabilidad mundial generada por Estados Unidos.

El ciclo alcista ha sido generalmente reconocido y aceptado como necesario y eficaz en sus propósitos para reducir la inflación, tanto que los “AC” hubieran querido que continuara por más tiempo, de ahí que hablen de un retiro prematuro o ajuste monetario incompleto. En cambio, el ciclo bajista ha sido criticado por significar un relajamiento anticipado que no eliminó las presiones inflacionarias. Aceptando sin conceder que el “timing” no haya sido el más conveniente, y eso lo podremos saber con el comportamiento de los precios en 2026, lo cierto es que el ciclo descendente se ha llevado con holgura, dentro de parámetros restrictivos y en un contexto de demanda deprimida. El aumento del circulante que se reprocha no ha incrementado notablemente la demanda efectiva ni mucho menos. La economía oscila entre el estancamiento y el bajo crecimiento, pero se ha evitado la recesión.
Un ciclo bajista de tasas no siempre se convierte en una política monetaria expansiva, por lo que hablar de un relajamiento prematuro no es del todo correcto. Lo que ha ocurrido desde marzo de 2024 es un ajuste necesario y oportuno, lo contrario hubiera significado ahorcar innecesariamente a la economía manteniendo elevadas tasas en un contexto de descenso de la inflación, demanda deprimida e incertidumbre importada. Lo que ahora se tiene es una economía con bajo crecimiento sí, pero no una recesión económica con inflación, no una estanflación. Las diferencias son importantes.
La tasa real ex ante de interés en México, calculada por Banxico, es actualmente de 4%. Esta se calcula restando a la tasa objetivo actual de 7% la inflación esperada para el presente año que es de 3%. Esta tasa real se compara con el rango de tasa neutral -tasa o nivel de equilibrio que no restringe ni estimula la actividad económica, por eso es neutral- estimado también por Banxico entre 1.8% y 3.6%, con un punto medio de 2.7%. Comparada con el nivel inferior, la tasa real ex ante sería de 2.2%, por arriba de la tasa neutral, o sea, con margen suficiente y aún restrictivo; respecto del punto medio sería de 1.3%; y comparada con el nivel superior, de 0.4%, en los tres casos por arriba de la tasa neutral, dentro de parámetros restrictivos, aunque ya muy cercanos a la neutralidad.
Dado lo anterior, los próximos recortes en tasas para 2026 deberán ser escrupulosamente soportados y justificados, tomando en cuenta los incrementos en los impuestos especiales de producción y servicios (IEPS), los nuevos aranceles a la importación y los aumentos al salario mínimo y medio, entre otros factores, como el propio comportamiento de la inflación subyacente y NO subyacente.
La falta de credibilidad parece no estar presente en materia de política monetaria ya que existe congruencia en su aplicación y márgenes suficientes para llevarla a cabo responsablemente, como se ha visto.
Sin embargo, en lo referente a los pronósticos emitidos, Banxico ha tenido que realizar varios ajustes y cambios que han postergado la convergencia hasta mediados de 2026, ante un entorno cambiante lleno de incertidumbre e inestabilidad mundial. Ello ha significado un cúmulo de críticas y dudas acerca de la credibilidad predictiva del banco central, lo cual se abordará en un próximo análisis, una vez que se conozcan las minutas de la próxima reunión de la Junta de Gobierno, así como el informe correspondiente al último trimestre de 2025.
Lo que se ha querido evidenciar hasta aquí es la falta de contexto histórico de las críticas realizadas a Banxico, al suponer que antes se tenía una situación inmejorable y que ahora se ha perdido, nada más falso. A las críticas foráneas se han sumado cualquier cantidad de opiniones locales que replican, como el eco de una montaña, las afirmaciones imprecisas y cortoplacistas de los referidos analistas, que se acercan más a la propaganda negativa que al análisis asertivo. Si alguna credibilidad se ha perdido es la de quien emite opiniones grandilocuentes con poco sustento.
Domo de Cristal
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