
Así lo dice La Mont
Seguridad: La vigilancia aérea en el Golfo de México ya no es una simple rutina de patrullaje, sino una advertencia geopolítica. Según informes de la agencia Reuters, la administración del presidente Donald Trump ordenó el despliegue de drones de vigilancia que monitorean activamente los movimientos de buques de Petróleos Mexicanos (Pemex). El objetivo de estas aeronaves no tripuladas es dar seguimiento pormenorizado a los tanqueros que zarpan desde puertos mexicanos con destino a Cuba.
La operación busca documentar la frecuencia y el volumen del suministro energético que México entrega a la isla, una línea de abastecimiento que Washington considera vital para la supervivencia del modelo socialista cubano, consolidado tras el fracaso de Bahía de Cochinos. El uso de tecnología de última generación sobre aguas internacionales y la Zona Económica Exclusiva subraya una escalada en la presión diplomática, transformando el intercambio comercial en un tablero de vigilancia permanente donde cada barril de crudo queda registrado bajo el lente de los sensores estadounidenses.
Doctrina Trump: El secretario de Estado, Marco Rubio, es una de las voces más incisivas respecto a este flujo energético. Desde su encargo, ha construido una visión de política exterior similar a la doctrina del exlíder de la Unión Soviética, Leonid Brezhnev, aplicada durante la intervención de la Primavera de Praga en 1968: la llamada “soberanía limitada” dentro de su zona de influencia.
Para Rubio, el apoyo petrolero de México a Cuba no es solo una controvertida decisión comercial, sino un salvavidas directo a una “dictadura comunista” que, a su juicio, atenta contra los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Considera que la entrega de crudo mexicano representa una transferencia de recursos que ha permitido al gobierno de La Habana postergar reformas internas necesarias y sostener su aparato represivo. Ha sido enfático al señalar que México corre el riesgo de enfrentar repercusiones legales y financieras bajo el marco de las sanciones vigentes, advirtiendo que la “fraternidad” expresada por el gobierno mexicano tiene un costo real en la relación bilateral con Washington. En sus declaraciones, Rubio dejó claro que la paciencia estratégica respecto al “regalo” de petróleo se está agotando, sugiriendo que la energía es la palanca fundamental para forzar un cambio político en la isla.
Más apoyos: Por su parte, el vicepresidente JD Vance ha integrado el tema del petróleo en una narrativa más amplia que vincula la debilidad institucional con la seguridad fronteriza. Vance ha expresado su desdén por los países que, a su juicio, oxigenan regímenes autoritarios en el Caribe mientras enfrentan desafíos internos críticos.
Desde su perspectiva, resulta contradictorio que México destine recursos de Pemex para subsidiar al gobierno cubano mientras los cárteles del narcotráfico mantienen un control férreo sobre amplias regiones del territorio nacional. Vance utiliza términos contundentes para describir la situación, sugiriendo que el poder del narcotráfico en México ha alcanzado niveles de “narcoestado” que el gobierno federal no puede o no quiere mitigar. Para el vicepresidente, la prioridad de México debería ser la recuperación de su soberanía interna y el combate a las organizaciones criminales que inundan de fentanilo las calles estadounidenses, en lugar de fungir como proveedor energético de Cuba, lo que considera una distracción peligrosa en su política exterior.
Agenda bilateral: La relación entre JD Vance y Marco Rubio es, hoy por hoy, uno de los ejes más sólidos dentro de la estructura de poder de la Casa Blanca. Aunque en el pasado representaron distintos matices dentro del Partido Republicano, la dinámica actual los muestra como un bloque monolítico en temas de política exterior y seguridad hemisférica.
Rubio, con su vasta experiencia legislativa y su enfoque halcón en América Latina, complementa la retórica nacionalista y de “consecuencias” que abandera Vance. Ambos se describen como amigos cercanos y aliados ideológicos, compartiendo la visión de que Estados Unidos debe ejercer una presión máxima sobre sus vecinos para asegurar el cumplimiento de sus objetivos estratégicos. Esta sinergia ha llevado incluso a que sectores políticos los visualicen como una fórmula electoral de alto impacto a futuro, cimentada en una coincidencia total sobre la necesidad de frenar influencias externas en la región y de condicionar la relación con México a resultados tangibles en el combate al tráfico de drogas y al cese del apoyo energético a Cuba.
Eduardo Esquivel Ancona
Domo de Cristal
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