
En México se sigue planteando la discusión entre banca tradicional y fintech como si fuera una competencia de innovación tecnológica o de experiencia de usuario. Es una narrativa atractiva, pero profundamente equivocada.
La verdadera discusión es estructural: intermediación financiera, fondeo estable, administración del riesgo, calidad regulatoria y ejecutabilidad jurídica. Cuando se observa el sistema desde ese ángulo, las fallas son evidentes y preocupantes.
La banca tradicional: estabilidad con costos regulatorios crecientes
La banca múltiple mexicana continúa siendo el pilar del sistema financiero. Concentra la captación, sostiene el crédito hipotecario y empresarial, y opera bajo estándares prudenciales estrictos. La alta concentración bancaria en 3 instituciones BBVA, Banorte y Santander ha permitido estabilidad macrofinanciera y contención del riesgo sistémico, especialmente en un entorno de volatilidad global.
Sin embargo, esa estabilidad tiene un costo creciente. Los bancos y las sofomes supervisadas enfrentan hoy una carga regulatoria intensa, caracterizada por:
reportes extensivos,
auditorías constantes,
requerimientos formales cada vez más complejos,
y multas asociadas principalmente a errores procedimentales.
El problema no es la regulación en sí, sino su enfoque. Gran parte de la acción de la CNBV y de la CONDUSEF se concentra en la forma: plazos, formatos, criterios administrativos y cumplimiento documental. Todo ello genera costos elevados para los intermediarios que buscan hacer las cosas correctamente, sin necesariamente reducir los riesgos de fondo del sistema financiero.
Fintech: millones de cuentas sin medición sistémica
En contraste, el sector fintech ha crecido de manera acelerada. A noviembre de 2025, ya maneja millones de cuentas activas, intermedia pagos, ahorro y crédito al consumo, y tiene presencia real en segmentos sensibles de la población.
Sin embargo, existe un vacío grave: no hay estadística pública, homogénea y comparable sobre el desempeño agregado del sector fintech.
No se conocen de manera sistemática:
niveles reales de morosidad,
castigos y reestructuras,
pérdidas operativas,
costo efectivo de fondeo,
ni concentración de riesgos.
Esto no es un detalle técnico. Es una falla estructural de supervisión.
Millones de cuentas activas sin información consolidada significan riesgo sistémico no reconocido, aunque jurídicamente se intente minimizarlo bajo figuras regulatorias distintas a la banca tradicional.
Regulación asimétrica: castigar al que cumple
Aquí aparece una de las distorsiones más peligrosas del sistema financiero mexicano: el arbitraje regulatorio.
Mientras la banca tradicional y las sofomes reguladas absorben altos costos de cumplimiento, muchas fintech operan con un marco mucho más ligero:
menor carga de reporte,
menor supervisión prudencial,
menor presión sobre resultados financieros y calidad de cartera.
El resultado es perverso:
quien cumple más, paga más;
quien opera con mayor ligereza, crece más rápido.
No se trata de proteger a la banca ni de frenar la innovación. Se trata de reconocer que mismo riesgo económico debe implicar exigencias mínimas equivalentes. De lo contrario, la regulación deja de ser una herramienta de estabilidad y se convierte en un incentivo a la informalidad sofisticada.
Publicidad, crecimiento y pérdidas persistentes.
En este entorno, varias fintech han apostado por crecer a través de campañas agresivas de marketing y adquisición de clientes. Casos como Nu, Ualá o Klar reflejan una tendencia sectorial clara:
crecimiento acelerado en cuentas y visibilidad, acompañado de presión constante sobre resultados financieros y pérdidas en distintas etapas o geografías.
No es un juicio ideológico, es una realidad financiera elemental: sin fondeo barato, sin cobranza eficiente y sin ejecución jurídica confiable, los modelos no convergen. El riesgo no desaparece; simplemente se dispersa en millones de operaciones que nadie mide de forma agregada.
El verdadero cuello de botella: la justicia local
El factor común que explica tanto la cautela bancaria como las fragilidades fintech no es tecnológico ni regulatorio. Es jurídico.
El crédito depende de la ejecutabilidad del derecho:
contratos que se cumplan,
garantías que se ejecuten,
registros públicos confiables,
juzgados previsibles,
y tiempos razonables.
La justicia local en México sigue rezagada:
lenta,
subdigitalizada,
fragmentada,
e impredecible.
Por: Mario Sandoval
CEO FISAN SOFOM ENR
Banquero y abogado con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.
Domo de Cristal
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